jueves 08 de diciembre de 2022 - Edición Nº1464

Opinión | 3 jun 2021

Si quiero, te mato


En mayo de 2015 Manuel Mansilla, de 16 años, mató a Chiara López, de 14, en Rufino, Santa Fe. Chiara se iba a encontrar con sus amigas pero nunca llegó. Su familia, junto con amigos y la policía, la buscaron todo el domingo. Durante el rastrillaje, en el patio de la casa de Mansilla se realizaba un asado. Mismo patio en donde horas después fue hallada enterrada la joven.

La autopsia demostró que la adolescente de 14 años fue asesinada a golpes y que se encontraba embarazada de tres meses. En su cuerpo se halló restos de Oxaprost, un antiinflamatorio utilizado para abortar. Aborto que hace 6 años atrás era ilegal y que llevó a una nena de 14 años a ingerir lo que sea para no llevar adelante un embarazo no deseado.

Chiara fue la gota que rebalsó el vaso. No es que no hubieran habido femicidios anteriores, claro que los había, lo que pasaba era que nos callábamos. Lo que pasaba es que se los titulaba como “crímenes pasionales”, porque los tipos nos mataban por pasión, por amor; no por no poder soportar que los dejáramos, por creer que somos de su propiedad, por no poder soportar los celos, por no poder soportar que fuéramos libres e independientes y caer en la cuenta de que no necesitamos de ellos para ser. Titulen como quieran, pero siempre nos matan por ser asesinos. Y porque pueden.

Y con Chiara hubo un punto de inflexión, siempre lo hay. Llega un momento en el que nos encontramos al borde del abismo y nos queda saltar o saltar. Había que empezar a saltar para hacer un poco de ruido y que se despierten todos. Disculpen, es que nos están matando.

Fue tan fuerte el eco que la consigna “Ni una menos” cruzó la Plaza del Congreso hasta llegar a todo Latinoamérica, Europa y Asia. Al parecer, algo se había despertado y parece no tener intenciones de volver a apagarse, a callarse y a dejarse pasar por encima.

De la primera marcha de “Ni una menos”, aquel 3 de junio de 2015, a hoy, no solo pasaron simplemente 6 años, también se perpetraron 1896 femicidios. Pueden parecer solo números fríos, pero son 1896 mujeres. Mujeres que no tuvieron la posibilidad de irse, que no tuvieron ayuda, que rogaron por seguir vivas, que pidieron por favor que no las maten, que fueron golpeadas hasta perder la vida, violadas hasta perder la vida, descartadas en bolsas de basura en pozos en el fondo de una casa, al costado de una ruta, en una zanja, calcinadas en una parrilla. Descartadas como basura, como fueron tratadas. Mujeres que fueron objeto de hombres que así lo creyeron, que así fueron criados y educados, con el poder de decidir sobre nosotras, con el poder de decidir si vivimos o no.

“Si yo quiero, te mato”, escuché alguna vez. Y sí, es cierto. Si la sociedad, el estado y la justicia te avalan para que lo hagas; si tenés todas las herramientas del sistema de tu lado y a tu favor, si cuando voy a denunciarte no me creen, no me toman la denuncia, faltan pruebas; si tu familia y amigos te cuidan y te protegen; si mediante tu abogado lo que se hace es poner en duda mi relato y dejarme expuesta como una mujer que busca fama, guita, o simplemente estoy ‘despechada’, ‘loca’ o ‘resentida’; si después de denunciarte soy yo la que se tiene que esconder y cuidar; si después de ponerte una perimetral para que no te me acerques aparecés en mi casa o en los lugares a donde voy igual; si me escribís desde otros números, me llamás y me amenazás y nada te pasa porque tenés total libertad de acción; si te condenan pero entre apelar y la buena conducta y tus salidas transitorias te sacan años y te ven en la calle caminando como si nada con tus amigos disfrutando la vida; sí, si querés me matás, es verdad. La sociedad toda te deja. Y yo seré un número más que se suma a ese montón.

Hoy, seis años después de la primera convocatoria del “Ni una menos”, el juez Rodolfo Mingarini liberó a un acusado de violación porque no le resultó lógico que haya tenido tiempo de ponerse un preservativo y luego avanzar sobre la víctima, en Santa Fe, el mismo lugar donde Mansilla mató a Chiara López.

A Mingarini no le bastó con los exámenes de medicina legal que constataron las lesiones compatibles con una violación, así como tampoco el material biológico que se encontró en la escena del imputado e incluso las pericias psicológicas que se le hicieron a la víctima, las cuales avalaron su relato.

Otra vez, la duda puesta en nosotras. No nos viola solo quien nos fuerza a tener relaciones, la justicia también nos viola. Nos deja totalmente indefensas, la justicia está de su lado, es amiga del femicida y amiga del violador.

Han pasado seis años y sí, algunas cosas se han modificado, estamos atravesando un cambio de paradigma como sociedad, incluso si estás de acuerdo o no, está pasando. Esto arrastra y arrastrará a todos, tarde o temprano, como una marea. Las mujeres aprendimos a levantar la voz -no a gritar- a no callarnos más, y miramos hacia el futuro con esperanza de ver un cambio social total. Soñamos con que las generaciones que vengan tengan otra mirada, otro accionar, un mundo más justo donde vivir y donde sentirse libres. Que no vivan con miedo, ni pidiendo permiso, ni preguntando si pueden o deben. Que no vivan dando explicaciones de por qué no quieren. Que el futuro sea una sociedad donde las mujeres nos sintamos seguras.

Quisiera no esperar seis años más para que las cosas sean distintas, pero hoy, aun hoy, todavía sí, si querés me matás.   

Ni una menos.

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