jueves 18 de julio de 2024 - Edición Nº2052

Lifestyle | 4 jul 2024

Los sellos negros, ¿variaron o mejoraron la calidad nutricional de los alimentos?

Un informe de la UCA abordó la evolución de la calidad nutricional de los alimentos que tienen sellos negros. La presencia a la vista de todos, ¿produjo conciencia colectiva sobre qué comemos?


Los sellos negros en los alimentos ya son un ingrediente más en las góndolas de Argentina. A casi dos años de esta vistosa presencia en los paquetes, el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA, junto al Centro de Estudios sobre Políticas y Economía de la Alimentación (CEPEA) y la carrera de Licenciatura en Nutrición de la UCA, hicieron un balance de los posibles efectos "reales" de la implementación del etiquetado frontal.

En el balance se hizo foco en qué alimentos se reformularon para evitar lucir algún sello, qué varió en la actitud de compra cuando los tienen y si su presencia produjo alguna modificación en el consumo de alimentos en las infancias. Además, qué pasó con los productos a base de plantas, antes y después de esta ley.

Aunque todos los autores de los informes coinciden en que para ver un eventual cambio de hábito de consumo preciso habrá que esperar "unos tres años", por qué la conclusión inicial es que esta es una ley útil pero limitada.

También marcan algunas "inconsistencias" que se identifican en los pescados enlatados, como el atún, en las legumbres en lata -"que tienen sellos de exceso en sodio"-, en yogures, -"que no tienen un contenido elevado de azúcares pero lo suficiente como para tener un sello negro"-, en algunas galletitas integrales, -"que tienen un perfil nutricional bajo en grasas y una buena cantidad de fibras, que es un nutriente deficitario en la población, y tienen sellos cuando no son alimentos poco nutritivos"-.

A la par, los quesos blandos, los medallones de cereales y las legumbres procesadas fueron las categorías de alimentos que mayores cambios tuvieron en su composición nutricional. Podría decirse, entonces, que lo que "ya no era malo, se puso mejor". Pero, de nuevo, el balance muestra que pueden existir conceptos negativos sobre alimentos que no lo son. Por los sellos.

"Para tener un año de vigencia (contando desde que vencieron la mayoría de los plazos de adecuación para los fabricante), el etiquetado frontal tiene un nivel de adherencia interesante. Tres de cada 10 personas reconocen que se fijan al menos en los sellos y que desalienta el consumo de algunos alimentos. Pero eso depende del nivel socioeconómico, por lo que la ley amerita un conjunto de políticas que sean complementarias al etiquetado", explicó Ianina Tuñon, autora de uno de los informes y quien resume la visión del balance, como parte del Observatorio de esa universidad.

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