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Bloqueo a Cuba: protestas, política interméstica y decreciente apoyo internacional

Cuba vive momentos de tensión con manifestantes en las calles, apoyando y denostando una forma de gobierno que lleva décadas de elogios y críticas por igual.

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Tras la “independencia” cubana de España, en 1902, Estados Unidos impuso que se reservaría el derecho de intervenir militarmente en la isla cuando surjan conflictos internos, lo cual se contradice con los Principios del Derecho Internacional. También estableció el arrendamiento de Guantánamo, que ocupa hasta hoy, y donde posee su base militar.

En octubre de 1960, tras la Revolución Cubana de 1959, Dwight Eisenhower, entonces presidente norteamericano, como respuesta a las expropiaciones de las compañías y propiedades de sus nacionales, decidió restringir su comercio y el de sus aliados con la isla.

Y es que, en plena Guerra Fría, Estados Unidos estaba preocupado por el sesgo pro soviético de su vecino, y consideraba que de ese modo ahogaría el gobierno de Fidel Castro.  El bloqueo, que inicialmente excluía alimentos y medicinas, se endureció en 1962, cuando las limitaciones llegaron a ser casi totales.

En 1992 el embargo, ya convertido en instrumento de política interna y externa (interméstica), adquirió el carácter de ley con el objetivo de mantener las sanciones contra Cuba. En ese contexto, deben inscribirse las multitudinarias protestas que surgieron en Cuba el domingo 11 de julio. Las mismas revivieron y profundizaron esa eterna pugna entre los dirigentes cubanos y estadounidenses, en la que el presidente de la Isla, Miguel Díaz Canel, acusó al país del norte de impulsar “una política de asfixia económica para provocar estallidos sociales” en su país.

Desafortunadamente, el mandamás cubano, encerrado en un gobierno que va perdiendo el apoyo de las nuevas generaciones que no participaron de la Revolución -ni conocieron la Cuba “colonia estadounidense”- anunció una “orden de combate” para que sus fuerzas respondieran a las protestas en las calles y dijo que en las manifestaciones había “delincuentes” en lugar de optar por propiciar el diálogo.

Para empeorar las cosas, Joe Biden, haciendo oídos sordos, una vez más, al principio de no injerencia en los asuntos internos de otro Estado y no intervención, apoyó en un comunicado el “clamor por la libertad” en Cuba, y “que escuche a su pueblo y atienda sus necesidades en este momento vital en lugar de enriquecerse”.

Pese a que muchos esperaban que los demócratas sean más flexibles, Biden mantuvo las duras restricciones impuestas por Donald Trump, quien había revertido el acercamiento a La Habana de Barack Obama. Además, Trump quitó la ayuda financiera del exilio cubano a los familiares y amistades en Cuba.

A todo lo anterior se suma que Norteamérica no está dispuesta a aceptar más inmigrantes cubanos, ni de ningún país latinoamericano, cuando desde hacía décadas era el refugio de los emigrados cubanos, y protegía al poderoso lobby anticastrista.

Finalmente, con el correr del tiempo, y tras el fin de la Guerra Fría, el bloqueo y las persistentes sanciones comenzaron a ser crecientemente condenados en la Asamblea General de las Naciones Unidas, donde los miembros aducen que “Si se quisiera ayudar a Cuba, lo primero que se debería hacer es suspender el bloqueo”, enfatizando la mayor gravedad que ello adquiere en medio de la pandemia por Covid-19.

El único aliado que Biden mantiene es su incondicional Israel, el cual le resulta aparentemente suficiente ya que anunció que no va a levantar el embargo sin que Cuba “ceda” o “venga a la mesa a negociar de buena fe”.

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De “encerradores” a “libertarios”: Gobierno endeble y oposición de poca monta

El anuncio de la ministra Vizzotti sobre el final del uso obligatorio de barbijo en Argentina en lugares al aire libre y sin aglomeración de personas a partir del 1 de octubre, desnudó la pasión por la discusión de los políticos argentinos.

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La discusión por las medidas de aperturas sanitarias anunciadas por el Gobierno nacional generó un nuevo foco de conflicto entre oficialismo y oposición que alimenta la grieta política en la que vivimos y atenta contra la pacificación del país.

La ministra de Salud, Carla Vizzotti, explicó que, a partir del 1 de octubre, no será obligatorio el uso de barbijos en lugares abiertos sin aglomeración de personas, basándose en la baja de casos de Covid-19 que hubo en las últimas 16 semanas en el país.

La medida pareció con un tinte algo electoralista debido a la derrota oficialista de las PASO, ya que varios médicos, infectólogos y actores de la sanidad afirmaron que lo ideal hubiese sido “esperar un poco más”.

Esto generó un fuerte reclamo opositor, que salió con bombos y platillos a denunciar una apertura sin mayor conciencia que la electoral. El primero en ir en contra de la medida fue el ministro de Salud porteño, Fernán Quirós, que afirmó que el uso de barbijo en CABA “seguirá siendo obligatorio”. A él se le sumaron provincias opositoras, como Mendoza y Jujuy. Además, la reacción generó un nuevo cruce con el presidente Fernández.

Sucede que Alberto salió al cruce de sus opositores poniendo en tiempo y espacio la medida de Vizzotti. «Nos acusan de libertinos los que nos acusaban de encerradores», expresó. La declaración apuntó a las marchas anti barbijo impulsadas por la oposición en plena pandemia con la excusa de “la quita de libertad” por parte del Gobierno.

Así planteadas las cosas, lo único que esta claro que en Argentina todo se discute sin demasiado fundamento. Más bien todo lo contrario. La poca capacidad de todos los políticos argentinos llevó al pueblo al desastre en el que vive y no parecen frenar en post de conseguir sus objetivos individuales.  

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Democracia interna y participación: ¿Por qué el Frente Amplio podría ser un buen modelo para la reconversión del peronismo?

El Frente Amplio es un ejemplo democrático de cómo las ideas políticas pueden convivir en un mismo espacio. ¿Por qué el peronismo o puede lograrlo?

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: En estos últimos días, el peronismo perdió las elecciones legislativas en casi todo el país. Las fracturas internas salieron a la luz cuando Cristina Fernández Kirchner le escribió a Alberto Fernández una carta abierta, en la cual hacía críticas a su gestión. Años atrás, cuando los roles se invertían, se había dado la misma situación, pero a la inversa, lo que terminó con la renuncia del ex Jefe de Gabinete.

Las observaciones de la líder peronista, si bien constructivas, no le cayeron demasiado bien al presidente de la Nación, quien salió a decir que la gestión de gobierno seguirá como él “estime conveniente” y que para eso había sido elegido. En paralelo, su gabinete presentó renuncias masivas, en especial de quienes fueran más cercanos a la vicepresidenta.

Esta suerte de “implosión” en el oficialismo se debe en buena parte a la falta de correctos mecanismos de democracia interna, que va desde los departamentos de las provincias a lo nacional. Esa falta de participación de todos los sectores partidarios termina generando resquemores y coadyuvando a la toma de decisiones que con debate interno y distintos puntos de vista sobre las distintas cuestiones serían más acertadas.

Si a lo anterior le sumamos el pésimo equipo de comunicación que acompaña al presidente Fernández –opuesto al brillante aparato de propaganda del PRO que otrora encabezaba Durán Barba- podía vislumbrarse fácilmente que las elecciones no serían peronistas.

Ahora bien, en Uruguay la política tiene una composición bastante similar: el Frente Amplio –ahora oposición- tiene varias características comunes con el peronismo, en tanto la Coalición Multicolor se asemeja al PRO.

Lo llamativo es que el partido de José Mujica y Tabaré Vázquez nunca se enfrentó a tumultos internos como el ocurrido la semana pasada y eso se debe a la utilización de una manera de proceder que garantiza la democracia interna y la participación en la toma de decisiones.

De ese modo, el Frente Amplio como pudo conservar un frente de gobierno más allá de las diferencias gracias a la “Mesa Política”, que es el organismo ejecutivo del “Plenario Nacional” y ejerce la conducción política cotidiana del movimiento, mientras vela por asegurar “la correcta relación coalición-movimiento”.

Además del presidente y vicepresidente del Frente, la integran quince miembros que representan las organizaciones políticas, como así también integrantes del Plenario Nacional en representación de las coordinadoras departamentales. Todos ellos determinan la acción política y toman decisiones. Asimismo, hay siete comisiones que hacen foco en cuestiones específicas.

Por último, el Plenario Nacional, máxima autoridad permanente del partido, además de incluir al presidente y vicepresidente del mismo, involucra a 85 representes de los distintos grupos políticos integrantes y a 82 representantes departamentales, como así también 3 de los Comités del exterior, y hasta 6 ciudadanos adherentes.

La diferencia es patente, como también lo es el hecho de que el peronismo debe entrar en una nueva etapa de introspección, ya que –claro está- la que comenzó en la derrota de 2015 resulta insuficiente.

El vecino Uruguay podría brindarle un buen ejemplo a seguir con su sistema de plenarios como engranajes democráticos decisivos y que lo dotarían de mayor cohesión interna…

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Manzur, la mancha negra del gobierno verde

El flamante jefe de Gabinete es apuntado por un sector del Gobierno por su visión poco progresista acerca de cuestiones vinculadas con el feminismo. Quejas, poca aceptación y gestos políticos.

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«Frente a la reacción conservadora, más feminismo», tuiteó la diputada kirchnerista Gabriela Cerruti al enterarse de la decisión del presidente Alberto Fernández de nombrar al gobernador tucumano Juan Manzur como nuevo jefe de Gabinete de ministros, lo que provocó un nuevo foco de conflicto dentro del gobierno Nacional.

Sucede que la reacción de Cerruti fue la misma que tuvieron miles de mujeres que ven al gobierno como un “gobierno verde”, que apoya y escucha los reclamos feministas con la aprobación de la Ley del Aborto como bandera.

Manzur fue uno de los principales a una ley que tuvo infinidad de trabas hasta que pudo ser aprobada. Su figura como gobernador potenció a Tucumán como una provincia pro vida. Sucede que él mismo encabezó varias marchas de “pañuelos celestes” que luego trasladó a votos en el Congreso. Hoy, ese mismo hombre será el jefe de todos los ministros nacionales.

Mano (excesivamente) dura

Manzur se jacta de tratar algunos temas con rigidez inusitada. La provincia más poblada del norte argentino y la quinta más poblada del país lo reelige sistemáticamente “por que escucha los reclamos de la gente”, según su propio entorno. Pese a ello, lo que marcan sus ´íntimos parece bastante alejado de la realidad cuando de feminismo y progresismo se trata…

Para muestra basta un botón. O varios. El caso de Belén es uno de ellos. Se trata de una joven que en 2014 se acercó a la guardia de un hospital público en Tucumán, por dolores y hemorragia, ella no lo sabía, pero tenía un aborto espontáneo. Fue acusada de homicidio y condenada a ocho años de cárcel. Estuvo presa más de dos años y fue liberada luego de movilizaciones y protestas en todo el país.

También podríamos tomar como ejemplo el caso de Lucía, una niña de 11 años a la que el Gobierno provincial la obligaba a parir. O el de Cecilia Ousset, médica tocoginecóloga denunciada penalmente y perseguida por practicar un aborto a esa niña de 11 años. O tal vez el de Paola Tacacho, asesinada después de haber denunciado en la policía tucumana.

También existen casos de persecución y desinterés provincial como el de Fátima Aparicio, víctima de un femicidio, luego de que la policía de Tucumán se negara a tomar su denuncia.

La mano dura de Manzur parece limitarse solo al trato con mujeres, ya que su provincia es noticia cada vez más seguido por el destrato, el desinterés y la falta de políticas de género para proteger a las mujeres, muchas de las cuales deciden huir de Tucumán por miedo a que las maten.

La rebelión de la tropa interna

El nombramiento de Manzur, ideado, promovido y alentado por la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, abrió una nueva venta de discusión en medio de la crisis política que atraviesa la coalición gobernante.

Manzur es un autoproclamado Pro-Vida y miembro del Opus Dei, una facción de la Iglesia Católica, de derecha, que integran dirigentes, millonarios y políticos. Por eso la ministra de las Mujeres, Géneros y Diversidad. Elizabeth Gómez Alcorta puso el grito en el cielo con su designación.

Ya lo había denunciado tiempo atrás, cuando todavía era una de las referentes de Patria Grande y sentó posición sobre el caso Lucía.

Tras la designación del ex gobernador tucumano como jefe de Gabinete, Gómez Alcorta mantuvo una extensa reunión con el presidente Fernández en donde abundaron las fotos y las promesas de no desviar el “camino verde” por el que transita el gobierno.

¿Podrán convivir Manzur y Gómez Alcorta? ¿Qué pensará el feminismo de Alberto y CFK, dos de los impulsores de la igualdad, el derecho de las mujeres y el avance del feminismo en el país? ¿Seguirán adelante con el mismo impulso las políticas de Género o perderán impacto por el pensamiento del nuevo jefe de ministros? Las respuestas a tantas preguntas las conoceremos con el correr del tiempo.   

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