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¿Por qué el campo no logra empatía con las clases populares?

Históricamente el campo ha sido una mala palabra para las clases bajas del país. Asociados a la explotación y el maltrato, los terratenientes provenientes de familias aristocráticas mantienen antiguos enfrentamientos con gobiernos desde hace varios años. ¿Es tan así?

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Los enfrentamientos entre el gobierno de Alberto Fernández y el Campo suman un capítulo más de una serie de conflictos de larga data que parecen generar una grieta más en el país. A los problemas ya conocidos entre patrones y trabajadores se suman conflictos políticos, de escala social y dinero.

Porque al fin y al cabo ese es el problema, el gran problema, el dinero. Podrá ser disimulado y encuadrado un recelo mutuo, pero el problema es el dinero. Las partes se miran de reojo y no simpatizan ni un poquito, por eso es que en poco más de un año, el Gobierno y el Campo fueron protagonistas de discusiones y medidas de fuerzas, amenazas y conflictos sin resolver que no hacen más que afectar al país.


Los problemas son de larga data. El kirchnerismo es un gobierno que se jacta de estar cerca del pueblo y el Campo o no es justamente una Unidad Básica. Más ben todo lo contrario. La Sociedad Rural Argentina, la Mesa de Enlace y las posturas de los grandes terratenientes argentinos no hacen más que alejar al campo de las clases populares.

Muchos de ellos consideran que los trabajadores son parte del inventariado que solo produce dinero. Si bien la explotación ha mermado, en el imaginario popular está impuesto que los patrones no son los que salen a laburar la tierra y que los peones que lo hace son mal pagos y sufren explotación laboral.

¿Es cierto? La primera respuesta que se me ocurre es NI. Si bien es cierto que en muchos lugares las cosas se manejan mal, también es cierto que el avance de las leyes laborales ayudó y mucho a los trabajadores rurales. Pese a ello, el imaginario popular no ha cambiado.

Los conflictos de intereses con os gobiernos siempre estuvo latente. Acaso tomó más visibilidad en el discurso del presidente Alfonsín en la propia Sociedad Rural, cuando expresó que no dejaría que el campo maneje ni su economía ni mucho menos la agenda política de la democracia.

Tras un pequeño veranito de convertibilidad financiera y cantidades industriales de exportación de soja que permitió un enorme ingreso de dólares durante el mandato de Néstor Kirchner, en julio de 2008 hubo un quiebre que al día de hoy no se logra superar.

La crisis mundial de 2007 hizo que la suba de combustible y materia prima en alimentos básicos se viera reflejada en un aumento de precios en toda escala. El campo salió a defender su producción, casi mostrándose fuera de la realidad mundial. Con antinomias ideológicas de por medio, se produjo un severo conflicto que incluyó mas de 120 días de paros que terminó con el tristemente célebre voto “No positivo” del tristemente célebre vicepresidente argentino Julio Cobos en la implementación de la Ley 125.

A partir de aquella noche, el campo es visto con mayor recelo que antes. La oligarquía argentina, los terratenientes que explotan a los arrendatarios, el poder en la sombra y las ideas poco pluralistas e inclusivas de la Sociedad rural, hicieron que un pequeño sector de la sociedad pueda pertenecer al campo y que el resto los mire con recelo. Será por eso que los conflictos cesaron durante el gobierno de Mauricio Macri, que pareció hablar su mismo idioma.

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Cuál es la ciudad que levantó el toque de queda por las vacunas y es “Free Fest”

El plan de vacunación en EEUU es uno de los más eficaces del mundo. si bien los contagios y muertes representaron una catástrofe social, su recuperación es tan dinámica que asombra al mundo entero. Miami levanta todas sus restricciones y las fiestas vuelven a ser un sello de la ciudad.

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Estados Unidos ha demostrado, una vez más, por qué es la gran potencia mundial. Después de la enorme cantidad de muertos y contagiados por la pandemia de Covid-19, el plan de vacunación hizo que millones de personas ya hayan recibido sus vacunas y la vida vuelva a un ritmo sumamente normal, casi como antes de la pandemia.

A partir del próximo 12 de abril ya no habrá más toque de queda a la medianoche en el condado de Miami-Dade. Hasta ahora, el condado había impuesto (sobre el total de su región que incluye 34 municipalidades, incluida la ciudad de Miami) un toque de queda entre las 12 de la noche y las 6 de la mañana, en el que se permitía el tránsito de personas, pero ningún local comercial -a excepción de los esenciales, como farmacias o centros médicos- podía permanecer abierto


Las nuevas recomendaciones indican la necesidad de usar máscaras tapa bocas, mantener la distancia social, usar alcohol en gel o lavarse frecuentemente las manos y aislarse si se presenta algún síntoma de COVID. Pero todas son recomendaciones, y no normas obligatorias que conlleven multas si no se cumplen.

El nivel de contagio de COVID 19 en Miami-Dade es del 6,4 por ciento, según la última medición publicada el fin de semana. De todas maneras, el jefe médico del condado, el Dr. Peter Paige, anunció que no sería raro ver un incremento en el porcentaje, tras las vacaciones de primavera que fueron especialmente convulsionadas en Miami Beach. El aumento, se espera, se de en la población de entre 18 y 24 años, que ha sido la que más contagios ha presentado en las últimas semanas.

Al menos 355 mil residentes de Miami-Dade han recibido una de las dosis de la vacuna contra el COVID 19 en el condado, y 458 mil ya tienen una inmunización completa.

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¿Quién puede pensar en las elecciones con este rebrote?

Básicamente, los políticos… Mientras el país se debate acerca de como frenar la segunda ola priorizando la economía, las PASO son tema de discusión en la clase política, que demuestran, una vez más, estar alejados de la realidad que viven las personas de a pie.

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Con más de 13.000 casos de covid-19 diarios, una economía fundida y una grave crisis de representatividad y creencia popular, los políticos del país vuelven a estar en el centro de a escena por la falta de empatía con los problemas populares.

Mientras el Covid amenaza con llevarse lo poco que queda en pie, oficialismo y oposición debaten acerca de la conveniencia de desarrollar las PASO el próximo 8 de agosto.


La compulsa

El oficialismo, a través del presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, propuso postergar o suspender las elecciones por la situación epidemiológica del país. La oposición, por su parte, considera el pedido una maniobra para evitar ir a las urnas por la baja aceptación que tiene el gobierno.

La propuesta de Massa incluye, además, la propuesta de que las PASO y las elecciones generales sean el mismo día, para ahorrar dinero y cumplir con el mandato electoral. Dicha propuesta fue descartada de plano, inclusive, hasta por sus propios compañeros de bloque.

El oficialismo

Si bien saben que la situación social-económica-sanitaria no es sencilla, creen que las PASO no se pueden aplazar, aunque si suspender, al menos, un mes. Es que las elecciones servirían, en caso de ganarlas, para legitimar el proceso político encabezado por Alberto Fernández, a quien le llueven las críticas desde hace al menos 9 meses.

Además, la medición de máximo Kirchner resulta fundamental buscando un posicionamiento en el corto plazo dentro del ámbito provincial y nacional. En tal sentido, no son pocos los políticos que creen que las PASO, más que una interna, es un termómetro social de lo que sucede en el país.

La oposición

No es claro el liderazgo opositor en el país, aunque en esta situación particular las ideas son concluyentes para exponer que quieren que las PASO se desarrollen tal cual lo previsto. Apenas Elisa Carrió, algo desgastada en el bloque opositor, no ve con mal ojos la suspensión. En cambio, los legisladores y líderes políticos consideran que la medida obedece a la “falta de un plan sanitario y de vacunación”

Una vez más la grieta política hizo que los ciudadanos sean víctimas de los intereses de quienes marcan el pulso electoral del país, ya que la gente de a pie no piensa en las elecciones, sino en cómo escapar de la pandemia de Covid-19 y en cómo llegar a fin de mes.

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Amado y odiado: Rafael Correa cumple 59 años

El ex presidente ecuatoriano marcó una época en Latinoamérica y representa una ideología que buscar volver al poder en toda la región.

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El 2021 nos encuentra reflexionando. Tras el fracaso del modelo neoliberal que maduró en los 80 y llegó a su clímax en los 90, se forjó una generación de líderes que vinieron a preocuparse por los sectores relegados durante décadas.

Bajo la bandera de la igualdad de oportunidades se aventuraron a cambiar la mentalidad de un pueblo latino sumiso, que parecía aceptar el statu quo. Con virtudes y errores, que incomodaron a las clases más pudientes -las cuales perpetuaban su situación apoyadas por los medios masivos de comunicación, las iglesias, entre otras instituciones de dominación- lograron mejoras de envergadura en el acceso a la educación, la salud, la tecnología y del consumo masivo.  


En ese contexto surgió con fuerza la figura de Rafael Correa. Nacido en Guayaquil, en 1963, en el seno de una familia de clase media- baja, debió salir a trabajar a corta edad para mantener el hogar debido a que, en 1967, su padre, desempleado, fue detenido por la DEA, cuando era utilizado como mula para traficar estupefacientes a los Estados Unidos.

Ese episodio fue utilizado por la oposición para intentar ensuciar su figura en reiteradas ocasiones, aunque con poco éxito, pues, Correa es un ejemplo puro de la meritocracia que sus enemigos tanto se empeñan en remarcar. Lejos de rendirse, la madre de Correa comenzó a elaborar viandas que el expresidente repartía al salir del colegio en el cual era becado por su notable desempeño.

En 1977, su vida tuvo otro gran golpe: su hermana, de tan sólo 11 años falleció ahogada, mientras su madre trabajaba en un supermercado. El estudio fue su vía de escape: volvió a ser becado por la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil, graduándose en economía en 1987. Tras ello se internó como voluntario en Zumbahua, un poblado rural extremadamente pobre. Allí aprendió lenguas quechuas, alfabetizó a los campesinos indígenas, y los asesoró para que formasen pequeñas empresas.

Se le otorgó una beca para realizar una Maestría en Economía en Bélgica, y fue alumno de intercambio en Estados Unidos, donde se doctoró con una tesis cuyo eje es que las reformas estructurales aplicadas desde los 80´ en América Latina no fomentaron el crecimiento, y que la liberalización de los mercados laborales fue perjudicial para la productividad de los países de la zona.

Formó parte del Banco Interamericano de Desarrollo y fue Ministro de Economía y Finanzas del entonces presidente Alfredo Palacio. Durante su gestión se opuso a la firma de un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y buscó re direccionar el dinero obtenido por la venta de petróleo a salud y educación, en lugar de dirigirlo exclusivamente a saldar la deuda externa, como pedía el FMI, por lo que fue apartado.

En 2006, fundó el movimiento “Alianza País” que impulsaba una nueva Constitución Nacional, y constituyó un hecho sin precedentes en la historia nacional: un académico de renombre, en quien la población indígena depositaba sus esperanzas, y que les hablaba en su idioma, habría sido antes impensado.

En 2007 asumió la presidencia de Ecuador bajo el lema de “revolución ciudadana” que representaba un cambio radical, profundo e inmediato en el sistema político, económico y social imperante. Fue reelegido dos veces, y cumplió sus mandatos hasta 2017. El “socialismo del Siglo XXI” encontró sus límites en la lógica económica extractivista ecuatoriana, cuyos precios fluctúan constantemente, y por las propias falencias de los mecanismos de integración regional.

La inversión pública en infraestructura, carreteras, seguridad y desarrollo social fue notable. Aumentó el control del Estado en la economía, y tuvo en su contra a los mayores medios de comunicación del país. Aprobó el matrimonio igualitario, no renovó a Estados Unidos los derechos para establecer una base militar y opuso su visión “desde el sur” a Washington acerca del narcotráfico. Disminuyó los homicidios y la mortalidad infantil. También la pobreza y desigualdad.

Demostró públicamente su apoyo a Julian Assange y fue bloqueado por Facebook por sacar a la luz datos sobre una cuenta secreta del hermano del entonces primer mandatario de Ecuador Lenin Moreno. En 2020, fue sentenciado a 8 años en prisión, pérdida de derechos políticos e inhabilitación vitalicia para postularse a una nueva elección por supuestos sobornos de empresarios nacionales y extranjeros en obras públicas. Según el criterio de la Corte Nacional de Justicia de Ecuador, Correa habría “institucionalizado, dirigido y diseñado” tal estructura de corrupción. En 2021 buscó postularse a la vicepresidencia con Andrés Arauz, lo cual le fue negado por el Consejo Nacional Electoral “por no poder realizar el trámite de manera presencial”.

Serán la historia y la memoria colectiva quienes juzgarán a los grandes líderes de la era progresista.

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