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San Lorenzo: de la gloria a la crisis deportiva e institucional

El «ciclón», que obtuvo su primera y única Libertadores en 2014, transita una crisis futbolística e institucional desde hace varios años, que lo condujo a no cumplir objetivos y a modificar entrenadores y jugadores de forma constante.

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No es necesario viajar tan atrás en el tiempo para repasar la última época gloriosa de San Lorenzo de Almagro. El «ciclón», de la mano de Juan Antonio Pizzi, conseguía el Torneo Inicial 2013 con apenas 33 puntos, y lograba, en 2014, su primera y única Copa Libertadores, con el «patón» Bauza en el banco de suplentes y con Matías Lammens y Marcelo Tineli liderando el club durante sus primeros años de mandato. Casi 7 años después de aquella noche épica, el escenario en el club es absolutamente divergente, tanto en términos económicos e institucionales como en el aspecto futbolístico.

El andar deportivo se fue devaluando con el correr de las temporadas. A finales del 2014 cayó ante el Real Madrid en la final del Mundial de Clubes por 2 a 0, aunque era un resultado previsible. En 2015 continuó siendo competitivo en el ámbito local, ya que finalizó segundo en el campeonato local que ganó Boca. Asimismo, fue subcampeón de Lanús en 2016, en aquella recordada final disputada en el Monumental, se ubicó séptimo en 2017 y tercero en 2018. No obstante, culminó en el puesto 23 en la temporada 2018/2019, y octavo en la 2019/2020. En la Copa Diego Maradona terminó cuarto y no logró el objetivo de acceder a la final.


En el plano internacional, quedó eliminado en las Libertadores 2015 y 2016 en primera ronda, no pudiendo ni asomarse a lo que había sido la consagración de 2014. En 2017 fue eliminado por Lanús en los cuartos de final por penales, en una serie cuyo ganador se enfrentaría a River (el «granate» le ganó al «millonario» y luego cayó en la final ante Gremio). Su última participación en el máximo certamen continental tuvo lugar en 2019, con el retorno de Pizzi, quedando afuera en octavos de final frente a Cerro Porteño en Paraguay. En tanto, en 2016 quedó afuera en semifinales de la Sudamericana, torneo que disputó por haber finalizado tercero en la fase de grupos de aquella Libertadores.

Es evidente que, a pesar de haber sido subcampeón argentino en 2 oportunidades, los de Boedo no lograron ningún objetivo desde aquella Libertadores en 2014. Paralelamente, fueron modificándose los planteles y los entrenadores. Pasaron Pablo Guede, Diego Aguirre, Claudio «el pampa» Biaggio, Jorge Almirón, Juan Antonio Pizzi, Diego Monarriz, Hugo Tocalli (interino) y Mariano Soso, entre 2016 y la actualidad. Fueron 8 técnicos en 5 años. Así no hay proyecto que aguante, y menos ante las constantes alteraciones en el plantel, que a pesar de contar con algunos futbolistas de jerarquía, ha estado un tanto convulsionado en esta última etapa.

La llegada de los hermanos Romero suponía un salto de calidad en el equipo. Dos jugadores de selección paraguaya que llegaban para enriquecer a un plantel que tenía la premisa de volver a ser campeón. Sin embargo, Ángel y Óscar fueron más noticia por lo que sucedió fuera del verde césped. En enero de 2020, el suegro de Óscar visitó la práctica invitado por su yerno, lo que engendró malestar en Diego Monarriz, quien le llamó la atención al futbolista e hizo echar al señor en cuestión.

En febrero de ese año se produjo un entredicho entre el DT y los hermanos, que se revelaron ante la decisión de sacar a uno de ellos en el entretiempo de un partido frente a Talleres de Córdoba, lo que desencadenó en que ninguno saliera a jugar el complemento. En agosto no comenzaron a entrenar con sus compañeros, ya que se atrasaron debido a la pandemia y tuvieron que cumplir 14 días de cuarentena antes de retomar.

En septiembre, Ángel lesionó a su compañero Andrés Herrera, quien sufrió una fractura infrasindesmal del peroné izquierdo, lo que causó el fastidio del DT Mariano Soso y de los integrantes del plantel, que ya evidenciaban su enojo con los paraguayos. En tanto, se habría generado un revuelo en el vestuario tras la reciente derrota ante Banfield, teniendo que retirarse ambos en un vehículo particular y poniendo de manifiesto, una vez más, la pésima relación con algunos jugadores. En tanto, Mariano Soso dejó de ser el técnico y los dirigentes buscan su reemplazante.

Escasez de liderazgo, modificaciones constantes, carencia de un proyecto, internas en el vestuario. Algunas de las razones que explican el presente de un club que, por su historia, es muy grande, y que no supo capitalizar el envión del torneo local en 2013 y la Libertadores 2014. Lo que ocurrió desde entonces a esta parte no fue más que una continua devaluación, tanto de la imagen dirigencial como de los diferentes equipos.

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Sin scrum: el rugby argentino en tiempos de pandemia

La Unión Argentina de Rugby (UAR) determinó que el regreso del deporte sea sin scrum, lo que ocasionó revuelo en propios y extraños.

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El rugby argentino volverá a disputarse en la brevedad, aunque con la particularidad de que no habrá, al menos por el momento, scrum. No es preciso ser un amplio conocedor de este deporte para advertir que nos referimos a uno de los aspectos esenciales del juego. Según Francisco Lecot, ex primera línea de Los Pumas, “el scrum es una bandera de nuestro rugby. Representa el trabajo y esfuerzo en conjunto de todo el pack para darles a los tres cuartos pelotas de calidad. Pienso que está bien que en los primeros partidos no se empuje, para que los jugadores tengan más tiempo de preparación”.

De acuerdo a lo que indican desde la UAR, la medida durará un período corto de tiempo. Entretanto, se implementará la modalidad «tira saca». Se trata de un scrum simulado que implica que los jugadores formarán como de costumbre, aunque sin empujar, y ganará la pelota el equipo que tire. Vale aclarar que desde 2016 el scrum en nuestro país permite empujes de hasta 1 metro y medio, aunque en 2020 se iban a retomar de manera ilimitada en Buenos Aires, con lo cual las normas vigentes en 2021 han causado cierto disconformismo en algunos clubes de la URBA.


Lo que parece ser certero es que la URBA regresará en abril. La primera A, B, C y la segunda lo harán el 10/4; el Top 12 el 17/4; la Tercera y Desarrollo el 24/4; y las divisiones juveniles el 18/4. Las medidas establecen que no se podrán utilizar vestuarios, no se permitirá el ingreso del público, no habrá tercer tiempo ni almuerzos de camadería, y se acatarán los protocolos correspondientes a la pandemia de Covid-19, que involucran las normas higiénicas que se efectúan en el resto de las actividades.

Hasta tanto no regrese el scrum, los planteles entrenarán empujes en las prácticas, con motivo de lograr una estable posición, lo que les permitirá estar aptos para retomar los empujes de 1,5 metros. En ese orden, llegaría la tercera etapa, en la que los empujes volverán a ser ilimitados, tal como iba a ocurrir en 2020, hasta que a principios de ese año cesaron las competencias de acuerdo a los efectos de la pandemia en Argentina.

El fin es preservar la integridad física y garantizar la seguridad de los jugadores en el regreso a las canchas. La inactividad supone una tendencia mayor a las lesiones, y mucho más en un deporte de constante contacto físico. Las normas fueron decretadas por la UAR y comunicadas a las Uniones Provinciales de Argentina, por lo que se implementarán en todo el país.

El scrum suele ser un arma crucial para muchos equipos, por lo que la modificaciones han generado malestar general. Algunos argumentan las medidas advirtiendo que habrá «menos posibilidades de contagios», pero el deporte en sí ofrece permanentemente contacto entre los jugadores en cualquier momento del partido. Otra razón es que «se evitarán lesiones por la inactividad», aunque los equipos vienen entrenando y están pronto a retomar los amistosos (incluso en la UROBA ya se juegan).

Abundan las repercusiones, y son muchos los que afirman que se pierde una parte sustancial del juego, que si bien volverá en el corto o mediano plazo, su ausencia altera notablemente las variables de cada partido y la estrategia de los equipos, que no pudieron competir en todo el 2020 y que se encuentran prontos a regresar a las canchas.

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Floyd Mayweather: una vida plagada de lujos y excesos

El exboxeador estadounidense cumple 44 años. Repasamos sus triunfos más resonantes y sus historias fuera del ring.

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Floyd Mayweather, uno de los boxeadores más determinantes de la historia, cumple 44 años. Campeón mundial en 5 categorías diferentes (superpluma, ligero, superligero, welter y superwelter), el norteamericano ha ganado en demasía tanto en el ring como fuera de él. Desde su debut en 1996 hasta su retiro en 2018 no conoció la derrota, y de sus 50 combates 27 los ganó por KO. Asimismo, evidencia una vida extremadamente lujosa, siendo el boxeador retirado que gana más dinero en todo el planeta.

Para contextualizar, la pelea frente al luchador irlandés de artes marciales Conor McGregor, en agosto de 2017, generó más de US$550 millones, de los cuales US$275 fueron a parar al bolsillo del oriundo de Michigan. Aquel combate tuvo la particularidad de que se toparon un boxeador y un peleador de UFC, 2 disciplinas distintas, aunque con motivos comerciales y económicos. «Money», como lo denominan a Floyd, venció a su oponente por nocaut en el décimo asalto, concretando un resultado lógico ya que fue un combate de boxeo.


No es descabellado advertir que una de las peleas en las que más corrió peligro su invicto fue ante Marcos «el chino» Maidana. Ambos se enfrentaron en 2 ocasiones, y en la primera (2014) son muchos los que afirman que el vencedor debió haber sido el argentino, quien al finalizar el evento reveló: «La revancha se la tengo que dar yo porque yo le gané».

Su mansión en Las Vegas, valuada en más de 10 millones de dólares, es uno de los ejemplos que pone de manifiesto su riqueza material. Cuenta con una pileta hecha de mármol con área de SPA, jardín con fuentes y lanzafuegos, armario de diseñador de más de 3 metros de altura, elevadores de madera con botones de oro, garage con espacio para más de 100 autos, etc.

La celebración de su cumpleaños se desarrolló de acuerdo a la lujosidad que suele plasmar. Arribó a la fiesta en «The Venue Fort Lauderdale», Florida, en su Bugatti tasado en 2 millones de dólares, rodeado de cadenas de diamantes, un look típico que demuestra su poderío económico y su perfil alto.

Ostenta alrededor de 88 vehículos de colección, de marcas de primera línea y valorados en precios inalcanzables. Acomoda sus billetes en la cama, suele sacarse extravagantes fotos para las redes sociales, y habitúa regalarle lujos a sus hijos. En tanto, gasta un dineral en las mejores joyerías de Nueva York, tiene chef personal y opulencias que parecen hasta innecesarios.

Su mansión en Beberly Hills está tasada en 20 millones de dólares, y cuenta con sala de cine con capacidad para 50 personas, cancha de golf, colecciones de autos y zapatillas, bodega exclusiva, candy bar, etc. Es evidente que el excampeón mundial e invicto no tiene problemas en disfrutar de sus millonarias sumas de dinero, y eso se pone de manifiesto a diario.

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¿En qué anda Del Potro?

El tandilense no compite desde junio de 2019 debido a una lesión en su rodilla derecha, y el mundo del tenis se pregunta cuándo volverá al circuito.

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Más de 1 año y medio transcurrió desde el último encuentro oficial disputado por Juan Martín Del Potro. El ex número 3 del mundo viene acarreando lesiones que lo alejaron de las canchas, y durante la pandemia no estuvo en condiciones de competir. En agosto de 2020 fue operado en su rodilla derecha en Berna, Suiza, (por recomendación de Roger Federer) y continúa recuperándose con el anhelo de regresar a la competencia. No obstante, no hay certezas sobre cuándo volverá al ruedo.

El 19 de junio de 2019, la «Torre de Tandil» derrotaba al canadiense Denis Shapovalov por 7/5 y 6/4 en la ronda inicial del Torneo de Queen’s Club, en Londres, en la antesala de Wimbledon. Fue entonces cuando volvió a fracturarse la rótula derecha y no volvió a jugar hasta la actualidad. Claro que en aquel tiempo era inimaginable la aparición de una pandemia, aunque los motivos de su inactividad tienen que ver con cuestiones físicas, que durante gran parte de su carrera lo condicionaron y le impidieron llegar aún más alto en el ranking.


Juan Martín se fracturó la rótula derecha, en primer término, en el Masters de Shanghái 2018, mientras enfrentaba al croata Borna Coric por los octavos de final (el duelo estaba 7/5 a favor del europeo), 1 mes después de perder la final del US Open ante Djokovic. Retornó a la competencia en febrero de 2019, a 4 meses de la lesión, para jugar 3 partidos en el ATP 250 de Delray Beach. En seguida se sometió a una «terapia regenerativa» que lo alejó del circuito por otros 3 meses.

Cabe recordar que el tandilense padeció constantemente dificultades en sus muñecas, lo que desencadenó en 4 intervenciones quirúrgicas (3 en su muñeca izquierda y 1 en su derecha). Las lesiones en la rótula derecha dificultaron su regularidad, lo alejaron del tenis y lo llevaron nuevamente al quirófano, ya que en junio de 2019 (la última vez que compitió), volvió a fracturarse en el mismo lugar.

No es descabellado advertir que pudo haber alcanzado la cima mundial. Los embrollos físicos le imposibilitaron la continuidad necesaria para lograrlo. Aunque sus condiciones lo han llevado, no solo al puesto número 3, sino a ser un rival temible para los mejores del circuito (Federer, Nadal y Djokovic). Es preciso afirmar que durante su carrera sufrió nada menos que 14 lesiones. Actualmente cayó 5 puestos en el ranking y se ubica 166º, afectado por su inactividad.

En diciembre de 2020, y tras 3 operaciones en 2 años, arribó a Brasil para realizarse un tratamiento con células madres, con el fin de acelerar los tiempos de recuperación y fortalecer la rodilla. Con los Juegos Olímpicos a la vuelta de la esquina, los seguidores sueñan con verlo representando a la Argentina (en Río 2016 obtuvo la medalla de plata), aunque es apresurado hablar de plazos, ya que el foco se establece en la recuperación, para así determinar si podrá volver a una cancha de tenis, algo que desea tanto él como sus allegados, de igual modo que los hinchas argentinos.

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