Opinión

Uruguay: ¿es tan fácil mudarse y empezar una nueva vida?

La invasión de compatriotas al pequeño paraíso sudamericano provoca noticias impensadas. Desde denuncias por violación de cuarentena hasta estrategias para poder conseguir una residencia sin mayor respaldo que su voluntad.

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La sensación de que es una especie de “paraíso sudamericano” donde todo funciona y nuestra vida será más sencilla se instaló a través de los medios. La decisión de empresarios de llevar su buen pasar a Uruguay hizo que ciudadanos de un nivel económico medio o bajo quieran imitarlos, aunque sin su respaldo todo es más difícil.

El manejo de la pandemia, el presidente que enamora y su estilo de vida hicieron del pequeño vecino un imán del que se aferran quienes no toleran más la vida en Argentina.


Ahora bien, ¿es todo como lo pintan los medios? ¿Es tan fácil irse a Uruguay, instalarse, conseguir un buen trabajo y tener una nueva vida? Lo primero que debemos tener en cuenta es que para obtener domicilio fiscal hace falta invertir mucho dinero, generar empleo y tener un respaldo económico que el 80% de los argentinos no tienen ni de casualidad.

Es por eso que varios compatriotas chocan con una realidad distinta cuando comienzan a investigar una posible mudanza. Claro que muchos toman la decisión de partir y buscar una residencia transitoria, pero dependerán de un buen trabajo para instalarse y dar comienzo a una nueva aventura.

El otro punto que ha traído algunos conflictos entre argentinos y uruguayos ha sido el comportamiento de algunos de los nuevos inmigrantes.

Personas que no cumplen con leyes, infectados que entran no declarados, violaciones sistemáticas de cuarentena y ese ventajeo particular del porteño/argento que tan mal concepto nos hace tener en casi todo el planeta.

Claro que no son todos. Hay quienes hacen las cosas bien y se adaptan rápidamente a las condiciones del juego, pero hay otros que están mas cerca de ser deportados que de mantenerse en el país.

Nunca es fácil buscar nuevos objetivos y mudarse a otro país no es la excepción. Aunque ese país quede a una hora de barco y se hable el mismo idioma. La capacidad de enamoramiento tiene un periodo limitado. Cuando termina, en todos lados se cuecen abas, también en el paraíso sudamericano llamado Uruguay.    

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Opinión

Cavallo: el ministro de la cara de piedra

Tras sus estrepitosos fracasos como ministro de Economía, Domingo Cavallo tiene el tupé de opinar acerca de la situación actual del país desde Estados Unidos. Dijo que el Gobierno “está desorientado” e hizo una serie de recomendación para salir de la crisis. ¿Incluyó la vuelta del corralito?

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En la política se tiene de todo menos memoria. Será por eso que muchas veces nosotros, los periodistas, cometemos errores a la hora de buscar opiniones. Sino como podríamos entender que uno de los peores, sino el peor, ministro de Economía de la historia argentina opine con ínfulas omnipotententes acerca de cómo salir de una crisis sin precedente.

El hombre en cuestión se llama Domingo Felipe Cavallo. El hombre que destrozó la economía nacional no una, sino dos veces. Fue quien impulsó la convertibilidad vendiendo cuanto bien del Estado estuviera a su alcance para poder sostenerla y quién impulsó el “corralito financiero” de 2001 con el que los bancos se robaron miles y miles de dólares que no eran más que el ahorro de personas que habían trabajado toda una vida para tenerlos.


Su “mala praxis” debería invalidar su opinión. ¿Qué puede aportar como solución o crítica constructiva alguien que tanto daño provocó y se cree el dueño de la verdad?  Que Cavallo se vuelva fuente de consulta acerca de cómo superar una crisis económica demuestra el pobrísimo nivel que tenemos los periodistas. En todo caso podríamos consultar acerca de cómo generar las crisis, la pobreza y la desocupación, pero no como solucionar esos problemas.

Desde Estados Unidos, Cavallo dijo que “el gobierno está desorientado”, cosa que probablemente sea cierta. Pero que lo diga él, con tantos fracasos y muertes sobre su espalda, no hace más que restarle seriedad a la declaración.  

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Opinión

Santiago Cafiero: la cosificación no es solo para ellas

El Jefe de Gabinete del gobierno argentino, Santiago Cafiero, resultó víctima de cosificación y sexismo por parte de un medio y la nota desató una fuerte polémica. Su buen porte, su juventud y la manera de vestirse parecen ser más importantes que su desempeño profesional

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Una curiosidad se dio durante el fin de semana a partir de una radiografía que hizo el diario La Nación acerca de la figura de Santiago Cafiero, el jefe de ministros del gobierno nacional. Allí, las banalidades acerca de su figura superaban la evaluación periodística que podría haber sobre sus funciones públicas.   

En la nota se lo presenta como un “galán tóxico de sangre azul” que encarna en el periodismo pura y exclusivamente por su apellido. “Desde la asunción arrancó suspiros, y memes de faldas recibiendo baldazos para aplacar los fuegos intensos que despertaba. Con su boca jugosa, barbita descuidada y apellido de lord del peronismo bonaerense, «Santi» Cafiero es el primer jefe de gabinete «juvenil» del PJ”, sentenciaba la nota.


La situación puso de manifiesto que la discriminación o cosificación por las apariencias no es propiedad solo de las mujeres. Cafiero sale con el estereotipo del político medio. Es joven, de buen porte, con un look que deja de lado las apariencias de políticos de antaño y se vuelca a las remeras y camisas sin corbatas.

Lo curioso del caso es que la evaluación periodística de la función de un hombre tan importante para el funcionamiento de un país casi se limita a si es lindo o feo, a lo que despierta en las mujeres y a si usa camisa o remera.  

En épocas donde la discusión política merece una profundidad mucho más importante, la banalidad se cuela en medio de una discusión que no merece ser tal. ¿Se imaginan lo que diríamos si todas esas apreciaciones fuesen dirigidas a una mujer? Hubiese sido un escándalo de proporciones.

Por eso es bueno marcar que la discriminación y la falta de rigurosidad periodística no hace más que desnudar la falta de madurez social que tiene un sector del periodismo, que busca desprestigiar personas por cómo lucen y no por la evaluación de sus tareas específicas.

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¿De humorista a facho en una frase?

Los dichos de la Dady Brieva en torno a la movilización del último lunes generaron una enorme polémica acerca de la tolerancia social que tiene el país. Por sus palabras, el humorista fue denunciado por incitación a la violencia.

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“Unas ganas de agarrar una camioneta y jugar al bowling”. La frase de Dady Brieva para graficar su descontento con quienes marcharon el último lunes en contra de las medidas del gobierno nacional pusieron de manifiesto, una vez más, la intolerancia que vive nuestro país.

Luego del banderazo del lunes, Dady abrió su programa “Volver Mejores” en radio El Destape con una frase francamente desafortunada: «Dan ganas de agarrar un camión y jugar al bowling por la 9 de Julio, no te das una idea», por lo que ahora deberá enfrentar una denuncia penal por incitación a la violencia.


La situación contiene varias aristas. La primera es que Dady no es periodista, aunque si un comunicador reconocido por su éxito como humorista. Entonces habría que preguntarse si está verdaderamente capacitado para entregar una editorial en un programa radial cuidando sus términos y respetando otras ideologías.

La segunda es que la “tolerancia y amor” que pregona parte del partido político que lo representa pareció estar ausente en sus palabras, ya que cualquier persona es libre para protestar, aunque después se pueda coincidir o no.

Y por último, la contextualización de la frase debería quedar solo en eso y no trasladarle más problemas a la lamentable justicia argentina que varios problemas tiene como para ocuparse de Dady. Cualquier ser racional puede darse cuenta que el humorista no va a subirse a un camión para matar gente que camina por la calle como sucedió con el atentado de la rambla de Barcelona.

La Argentina no parece tener solución. La pandemia agrietó un poco más la mirada política puertas adentro y destruye el país con una velocidad inusitada por la falta de capacidad y altura política que tienen oficialismo y oposición.

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