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Ley de Humedales: un paso rumbo a la protección del medio ambiente

Frente a la crítica situación de los incendios en el Delta del Paraná, resumimos los distintos proyectos que se presentaron en Comisión para debatir una Ley de Humedales y detallamos los contenidos generales que tendría la ley. Todos consideran presupuestos mínimos y confeccionar un Inventario de Humedales.

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En el marco del avance de los incendios del Delta del Paraná, que no lograron frenarse con la coordinación de Nación y Provincias (donde se involucran el Gobierno de la Provincia de Santa Fe, del bloque del PJ de Omar Perotti, y el de la Provincia de Entre Ríos, dirigido por el PJ kirchnerista de Gustavo Bordet), la ley de humedales tiene agenda para tratarse en Diputados.

El derecho ambiental está contemplado en la Constitución Nacional, donde se defiende el derecho a un ambiente sano y se especifica que las actividades productivas no deben comprometer a las necesidades de las generaciones futuras. Además, la legislación marco se rige por la Ley General del Ambiente. Si bien hay instrumentos legales en el país, los mismos no están siendo respetados.


Cabe remarcar que los proyectos de protección de humedales se vienen presentando desde el año 2013, pero en Diputados no se avanzaba en su debate. Aunque la situación actual amerita que se trate con máxima urgencia, la situación actual podría haberse evitado de haberse tratado a tiempo.

La Comisión de Recursos Naturales y Conservación del Ambiente Humano del Congreso, encabezada por Leonardo Grosso (Frente de Todos), se encuentra actualmente debatiendo los proyectos para un Régimen de Presupuestos Mínimos para la Protección Ambiental de Humedales. La actividad de la Comisión continua esta semana hasta avanzar con un dictamen de consenso.

Aspectos generales de la Ley de Humedales

Siete proyectos se presentaron desde los distintos partidos, que fueron confeccionados con la participación de expertos en políticas ambientales y miembros de ONGs ambientalistas. Quienes presentaron propuestas fueron: Grosso, desde el Frente de Todos; Germán Martínez, también desde el oficialismo; Enrique Estévez, desde el socialismo, Maximiliano Ferraro, desde la Coalición Cívica; Brenda Austin, Gustavo Menna y Ximena García, de la UCR, Esteban Bullrich, Gladys González y Maria Tapia, desde Juntos por el Cambio y Graciela Camaño, de Consenso Federal.

Los proyectos comparten en común una serie de características: incluyen presupuestos mínimos para la conservación y protección de los humedales y proponen crear un inventario de humedales de todo el país para medir la dimensión y el estado actual de los mismos.

Respecto al presupuesto mínimo, todos los proyectos proponen destinar un 0,3% del presupuesto nacional, a excepción del proyecto de Camaño que propone un mínimo del 0,5%.

La propuesta de confeccionar un Inventario Nacional de Humedales (INH) implica identificar cuáles son aquellas áreas naturales protegidas, categorizarlas en distintos niveles e identificar los organismos específicos que monitoreen su estado. Que un territorio se incluya en el inventario de humedales no significa que deje de ser productivo, sino que las actividades que allí se desarrollan deben ser adaptadas para ser sustentables y permitan preservar los ecosistemas.

A su vez, la mayoría de los proyectos coinciden en la actuación conjunta de Nación y provincias para gestionar el cumplimiento de la ley y el monitoreo de los humedales, si bien hay algunas diferencias respecto a la constitución o no de organismos y la participación de terceros actores. También imponen sanciones y penas, que incluyen multas económicas y prisión en caso de daños de mayor gravedad.

Los proyectos en su mayoría proponen distinguir tres tipos de categorías para los territorios de humedales: distinguir entre un área de preservación (roja), una de gestión de recursos (amarilla) y una de usos múltiples (verde).

Otra característica de los proyectos es la incorporación de una moratoria a las actividades que se realizan en los humedales, a aplicar durante el período en que se realiza el INH y las especificaciones de la ley. Algunos proyectos proponen una moratoria total, es decir, no se podrá realizar ninguna nueva actividad u obra en la zona de humedales hasta que se termine de sancionar esos aspectos técnicos, mientras que otros proponen una moratoria flexible. El proyecto de Juntos por el Cambio y el del socialismo (Estévez) no contemplan moratoria alguna.  

Aspectos particulares

A su vez, cada proyecto tiene sus particularidades, más allá de los aspectos generales propuestos. Sobresalen aquellos que refieren a lo que entienden por humedales, a la propuesta de creación de nuevos organismos, a la consideración de las zonas como parques nacionales y a la participación de terceros actores.

La particularidad del proyecto de Juntos por el Cambio reside en lo que entiende como humedales: la ley debe regir sobre aquellos humedales donde se presentan características de saturación. Se agrega entonces la característica de saturación para la definición de humedales.

El proyecto presentado por Leonardo Grosso (Frente de Todos) propone, a diferencia del resto de los proyectos, la creación de un organismo permanente para el seguimiento del INH.

El de Martínez, también del oficialismo, propone crear una “Reserva Nacional Humedales Delta del Paraná” donde un territorio de 360 mil hectáreas en la Provincia de Santa Fe y la de Entre Ríos pase a jurisdicción nacional y sea monitoreado por la Administración de Parques Nacionales.

El proyecto del socialismo, encabezado por Estévez, establece un uso sostenible de los humedales que contemple además a los pueblos originarios. Además, fomenta la participación de actores locales vinculados a los humedales para que brinden información de los mismos, y la contribución de sectores como el universitario o de organizaciones civiles en la confección del INH. El proyecto de Juntos por el Cambio, el de la Coalición Cívica, el de Grosso y el de la UCR proponen también la participación de científicos en esta última tarea.

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Estos no son los políticos que necesitamos

Un diputado pone una gigantografía en plena sesión. Otro besa los pechos de su mujer en cámara. Otra reclama por la presencia de una diputada que hace ¡9 meses! que terminó su período… La gran mayoría de la clase política argentina da pena y son un fiel reflejo de por qué el país está como está.

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Escena 1: el diputado del Juntos por el Cambio, Esteban Bullrich, deja una gigantografía mientras sus compañeros de recinto hablan en las sesiones telemáticas que tantas discusiones trajeron. Se oculta detrás de la gigantografía para hacer otros quehaceres mientras debía estar trabajando.

Escena 2: el diputado del Frente de Todos, Juan Ameri, recibe a su esposa en su casa. Ella se sienta en su falda en plena sesión y el comienza a besar sus pechos con asombrosa fogosidad frente a la cámara.


Escena 3: la extitular del INADI, María Rachid, cuestionó el tratamiento que tuvo el papelón del diputado Ameri a los gritos y en televisión. En el fragor de la discusión, reclamó la ausencia de Elisa Carrió en las sesiones, ¡quien hace 9 meses! que ya no es diputada.

Los tres ejemplos sirven solamente para graficar escenas diarias de la gran mayoría de la clase política argentina. Personas con poca formación, de poco velo intelectual, que banalizan su trabajo y solamente buscan beneficios propios sin recordar que la política debe utilizarse como una herramienta de ayuda al prójimo.

Acaso por eso el país está cada vez peor. Por una clase dirigencial que no hace más que buscar el beneficio personal sin que nada le importe y que, además, no tiene el mas mínimo decoro en guardar un mínimo de respeto hacia quienes los pusieron en ese lugar. La clase política da vergüenza ajena. Y propia también.    

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Mercado Libre: ¿puede detener las estafas?

El robo de una computadora de 140.000 pesos a un joven que la había comprado por Mercado Libre desnudó los problemas de seguridad con los que convive la empresa durante los repartos. ¿Es posible controlarlos o se les fue de las manos

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“Invertí todos mis ahorros para comprar una computadora que me salió 140.000 pesos para la facultad y me estafaron. Me mandaron una botella de licor”. El mensaje de un usuario de Twitter denunciando, con dolor, desazón y tristeza, que fue estafado por mercado libre no hace más que alimentar el debate acerca de la confianza que generan las compras virtuales en Argentina.

La pandemia hizo que las compras por internet se disparen en los últimos seis meses y también las estafas. El ejemplo de este joven es simplemente uno de los tantos estafados que compraron teléfonos, computadoras y cualquier tipo de electrodoméstico.


¿Puede Mercado Libre terminar con las estafas? La respuesta es incierta. La empresa garantiza la entrega, aunque nada dice en torno al contenido. La relación vendedor-comprador-entrega se transformó en un dolor de cabeza cuando el producto no llega y la responsabilidad es difusa.

Más allá de eso, la empresa tiene como política devolver el dinero en caso de tener algún conflicto, aunque los reclamos muchas veces no llegan a buen puerto. ¿Le quita credibilidad a Mercado Libre cada uno de estos hechos?

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Rosario, entre la pandemia, la inseguridad y el humo

A los efectos de la pandemia en Rosario se les adhiere una ola de violencia descomunal, y un humo que continúa siendo irrespirable.

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El sosiego en Rosario es inviable. Amén de permanecer sometida a los vaienes epidemiológicos y sus secuelas, la ciudad continúa condicionada por la tremebunda inseguridad que es noticia cada día, y por el humo de las islas del Paraná, que no da tregua y damnifica tanto a los humanos como a la naturaleza. Son los 3 factores determinantes que incrementan la incertidumbre y la angustia.

En torno a la pandemia, la tercera ciudad más poblada de Argentina lleva reportados 13.115 contagios oficiales, en el marco de un sistema sanitario al borde del colapso, y con permanentes restricciones sociales. Apenas se puede salir a caminar y son variados los sectores que no pueden trabajar. En tanto, el rubro gastronómico implementa meramente los envíos a domicilio y el «take away».


Pero el coronavirus no es la única razón que pone en alerta a los ciudadanos a la hora de andar por la vía pública. En todo el 2020 hubo 150 homicidios. La última víctima se llamaba Sebastían Cejas, un muchacho de 38 años que fue baleado en la puerta del hospital Español, cuando esperaba, junto a su mamá, que su papá saliera de una sesión de diálisis. El «oso», como lo apodaban, es una víctima más de una sociedad violenta y despiadada.

Como si faltara más, las vías respiratorias de los rosarinos se ven afectadas por el humo que sigue surgiendo de las islas del Paraná. El asunto tomó dimensión nacional y pone en jaque al medio ambiente. En tanto, los incendios no cesan y más de 50 brigadistas prosiguen en búsqueda de aliviar la situación.

Resulta contraproducente, pero aunque se recomienda salir a correr para mejorar el sistema respiratorio, el humo lo damnifica, y a su vez, está prohibido con motivo de disminuir la circulación viral. O sea que la ciudad está entre la espada y la pared, inmersa en un contexto desfavorable y enrevesado, cuyo mejoramiento dependerá de un cúmulo de factores que deberán modificar sustancialmente la atroz realidad.

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