Cine y Series

Natalia Oreiro se volvió la estrella de Netflix

El documental que se estrenó hace algunos días acerca de su carrera es uno de los elegidos en la plataforma de streaming. Nasha Natasha muestra la cara menos conocida de la uruguaya que conquistó el mundo y no olvida sus orígenes en el Río de la Plata.

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Rusos bailando cumbia. Si debiéramos resumir el documental que Netflix hizo acerca de la vida de Natalia Oreiro, podría ser ese. Porque Nasha Natasha es más que un simple recorrido por la vida de la actriz. Es una pieza de culto del progreso diario de una de las mujeres más influyentes en el arte rioplatense que levanta la bandera uruguaya en el mundo y conquistó inhóspitos lugares con su carisma y frescura.

El documental se basa en una gira que Oreiro hizo en 2014 por Rusia, pero muestra diferentes momentos de su vida. Desde sus inicios publicitarios hasta la relación con Ricardo Mollo y su hijo Atahualpa pasando por el casamiento en un barco, su fiesta de 15 y hasta su infancia en Montevideo.


El vínculo con Rusia comenzó a mediados de la década del 90, cuando las ficciones y telenovelas argentinas se vendían al exterior. “En Rusia se vio primero Ricos y Famosos pero fue sin dudas Muñeca Brava que se vendió a 90 países la que me permitió saltar fronteras”, cuenta Oreiro, aun consternada por la repercusión que su figura tiene del otro lado del planeta.

Algo alejada de la actuación en Argentina y Uruguay, Oreiro disfruta de su éxito. Actriz, cantante, empresaria, esposa, madre, comprometido. Multifacética, por resumir su vida en apenas una palabra. Su compromiso social la posiciona como una de las mujeres más queridas en Uruguay, ya que no olvida sus orígenes a pesar de los logros que se multiplican a medida que el tiempo avanza.

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El ángel de una generación

Se cumplen 10 años de la muerte de Romina Yan, la actriz que marcó a miles de jóvenes y niños a través de su dulzura y empatía. Su repentina muerte la llevó a transformarse en una de las mujeres más queridas del ambiente.

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Su muerte fue un mazazo. Para su familia, lógicamente, pero también para lo sociedad. Una sociedad que creció viéndola actuar, reír, enseñar y disfrutar. Si sonrisa contagiaba alegría y miles y miles de niños y adolescentes en argentina crecieron viendo como crecía Romina Yan, la actriz que pasó a la inmortalidad hace ya 10 años.

Romina fue la hija de Cris Morena y Gustavo Yankelevich. Estaba casada y tenía 3 hijos cuando murió repentinamente producto de un aneurisma. Le costó encontrar su lugar en la TV. En suu inicio, en Jugate Conmigo debió lidiar con problemas alimenticios que la hicieron subir de peso. No logra estabilidad laboral (trabajó en papeles secundarios en distintos programas) hasta que llego Chiquititas.


Allí logró estabilizarse, también emocionalmente. Su personaje enamoraba a propios y extraños. El programa llegó a tener 17 puntos de rating a las 6 de la tarde. El producto fue llevado al teatro y en 15 días de vacaciones la vieron más de 500.000 personas.

“Sé que tengo unos ojos expresivos, tengo una nariz grande, no tengo el mejor cuerpo, no tengo altura. Pero me gusta que la gente me vea en la tele y piense: ‘Yo puedo llegar a ser como esa mina, es como todas, es una persona normal’. A mí la gente me acepta como soy, gorda, flaca… Eso es increíble”, respondía cuando la consultaban acerca del fundamento de su éxito.

Ese famoso “rinconcito de luz” que tantas veces cantó en televisión es el mismo que dejó en el corazón de sus fans, que cada 28 de septiembre se hacen un momento para recordarla con amor y devolverle parte del legado que ella dejó.

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Superagente 86: la serie que ridiculizó a los servicios de inteligencia

Se cumplen 15 años de la muerte de Don Adams, el hombre que inmortalizó a Maxwell Smart, el Superagente 86. Su éxito fue tan notable que logró posicionarse como un actor de cuto y la sátira produjo una enorme adicción entre sus fanáticos.

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Cuando Don Adamas nació, no se llamaba así. Su nombre real era Donald Yarmy. Soñaba con ser actor, pero la Segunda Guerra Mundial hizo que sus sueños se posterguen. Se enroló en los marines americanos y contrajo una grave enfermedad que casi termina con su vida.

Después de estar internado durante un año en un hospital neozelandés y esquivar el altísimo porcentaje de muerte que acarreaba la malaria, logró comenzar a edificar su carrera como actor. Comenzó a ganarse la vida como cómico de stand up, pero ganaba muy poco dinero como para mantener a sus 4 hijas y a su primera esposa.


En la década del 60’ no se estilaba hacer el humor con características similares al Superagente 86. Durante el primer año fue tratado de anti norteamericano. La incidencia de la Guerra Fría resultaba inconcebible que un agente especial fuera tratado de inepto.

Ese personaje que tantos problemas le trago a Adams en su primer gran papel fue el mismo que le produjo una enorme riqueza que llegó de la mano de su éxito y su visión: renuncio a su sueldo y se quedó con regalías futuras que podría dejarle el Superagente 86.

El éxito fue tan importante que llegó a tener ofrecimientos para hacer unos 300 papeles al mismo tiempo. Si bien su capacidad actoral lo llevó a otros momentos, ninguno fue tan bueno como su actuación en el Superagente 86, el hombre que ridiculizó a los servicios de inteligencia.

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Sexo virtual: la profecía de Stallone y Bullock

Esta vez no fueron Los Simpson los que presagiaron el futuro. Los actores filmaron una película en la década del 90’ que anticipó el futuro. Sexo sin tocarse, besos sin saliva ni intercambios de fluidos.

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La escena pareció surrealista. Un hombre y una mujer definen tener relaciones, pero cada uno tiene una idea distinta al respecto. el hombre busca el método tradicional, el contacto físico. La mujer trae dos cascos y comienzan un período de estimulación virtual que no termina de la mejor forma.

El momento protagonizado por Silvester Stallone y Sandra Bullock en la película “El Demoledor”, que fue filmada en 1993 y significó todo un adelanto por el momento que pasa el mundo. dos personas sin poder tocarse, abrazarse o besarse no hizo más que recordar una nueva normalidad tan indeseada como real.


La situación resultó toda una curiosidad para la época. Sin embargo, 30 años después nos encontramos con que aquella imagen, impensada y surrealista, se volvió bastante más habitual de lo que pensamos en épocas de pandemia.

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