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Talvi: el incierto futuro de una figura esencial para Uruguay

El economista y excanciller renunció primero a Cancillería, luego al Senado y ahora descartó que vuelva a postularse para cargos públicos. Es uno de los políticos más influyentes de Uruguay y deja al partido Ciudadanos sin su máximo referente.

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El futuro de Ernesto Talvi es incierto. Uno de los líderes de la coalición multicolor decidió hacerse a un lado del gabinete de gobierno. Tras haber abandonado la Cancillería, se presumía que ocuparía su banca de senador, pero también decidió renunciar a ello, e incluso al subsidio de exlegislador que le correspondería.

Tras haber divulgado una carta abierta en la que anunció que dejaría la política, Talvi se reunió con los dirigentes de su partido -Ciudadanos- para explicarles el porqué de la decisión. Tras el encuentro, declaró a los medios: “Vamos a apoyar el proyecto desde el lugar que entendemos que vamos a hacer el mejor aporte”. A posteriori, y ante la consulta acerca de si estaba desencantado de la política, respondió que “para nada, la política es una actividad noble y necesaria. Simplemente, como dije en la carta, no es el lugar donde yo me siento más cómodo actuando, prefiero hacerlo desde el liderazgo intelectual, técnico y formando jóvenes con vocación de servicio público”.


Según varias fuentes, Talvi se habría molestado por las declaraciones de Francisco Bustillo, quien propugna la llamada “diplomacia del cóctel”, tan criticada por su antecesor, que se oponía a que los embajadores “anden de cóctel en cóctel” e intentó llevar adelante una estrategia basada en una representación técnica. Sumado a ello, las diferencias con el presidente Luis Lacalle Pou habrían sido determinantes.

La decisión del ex Ministro de Relaciones Exteriores generó repercusiones en toda la arena política. Y es que el líder de Ciudadanos es una de las figuras políticas más influyentes en Uruguay. Por ello, desde el Frente Amplio manifestaron preocupación por su salida. “No es una buena noticia”, dijeron, al tiempo que elogiaron que “aportaba cosas importantes” a pesar de las diferencias que habían tenido. Desde dicho sector agregaron que la decisión era una mala noticia para el sistema, y que “la gente que lo votó pierde representación y la coalición gobernante pierde balance”.

Aunque lejos de ser la regla, algunos recibieron la renuncia con beneplácito. Uno de ellos fue Edgardo Martínez Zimarioff, su contrincante dentro del propio Partido Colorado, que incluso llegó a competir con él por candidatearse a la presidencia.  Con la metáfora “el paracaidista se fue y no volverá” alegó las bondades que tendría para el partido y para el país la partida de Talvi, que según él generaba gran malestar debido a sus “ataques histéricos y de creerse el dueño del Partido Colorado”.

Por su parte, los propios compañeros de Talvi dentro del oficialismo se mostraron compungidos, al tiempo que agradecidos por su aporte al proyecto. Lo cierto es que es para ellos que se presenta uno de los mayores desafíos: su bancada tiene diez legisladores, ocho nuevos en la función legislativa, que ahora pierden un verdadero líder.

En cuanto a la decisión en sí, el excanciller afirmó que es una mera elección de vida, y que seguirá sirviendo al país y a Ciudadanos, pero desde el ala técnica, mediante el diseño de políticas públicas y la formación de las nuevas generaciones. Concluyó que la política “no era lo suyo”, intentando así disipar las presunciones de quienes consideraban su salida como producto de la lucha por el poder. Poniendo siempre por sobre su persona lo colectivo, confió en que su partido es un “proyecto institucional y no personal, (que) trasciende las individualidades”. Y con humildad deslizó que había gente muy capaz en ciudadanos que ejercería la política mucho mejor que él.

Para muchos la partida de Talvi confirma las especulaciones que existieron desde un principio y juzgan al oficialismo como una coalición electoral efímera y coyuntural para vencer al Frente Amplio. Para otros con él se va un líder que imprimía un nuevo perfil a la arena política, alejada del viejo caudillismo de personajes como Julio María Sanguinetti y su hijo, y que busca premiar y fortalecer la preparación técnica de quienes sirven al país. “Sorpresa” es poco decir, un académico de renombre, que supo conquistar a los uruguayos, se retira en el clímax de su popularidad.

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Estos no son los políticos que necesitamos

Un diputado pone una gigantografía en plena sesión. Otro besa los pechos de su mujer en cámara. Otra reclama por la presencia de una diputada que hace ¡9 meses! que terminó su período… La gran mayoría de la clase política argentina da pena y son un fiel reflejo de por qué el país está como está.

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Escena 1: el diputado del Juntos por el Cambio, Esteban Bullrich, deja una gigantografía mientras sus compañeros de recinto hablan en las sesiones telemáticas que tantas discusiones trajeron. Se oculta detrás de la gigantografía para hacer otros quehaceres mientras debía estar trabajando.

Escena 2: el diputado del Frente de Todos, Juan Ameri, recibe a su esposa en su casa. Ella se sienta en su falda en plena sesión y el comienza a besar sus pechos con asombrosa fogosidad frente a la cámara.


Escena 3: la extitular del INADI, María Rachid, cuestionó el tratamiento que tuvo el papelón del diputado Ameri a los gritos y en televisión. En el fragor de la discusión, reclamó la ausencia de Elisa Carrió en las sesiones, ¡quien hace 9 meses! que ya no es diputada.

Los tres ejemplos sirven solamente para graficar escenas diarias de la gran mayoría de la clase política argentina. Personas con poca formación, de poco velo intelectual, que banalizan su trabajo y solamente buscan beneficios propios sin recordar que la política debe utilizarse como una herramienta de ayuda al prójimo.

Acaso por eso el país está cada vez peor. Por una clase dirigencial que no hace más que buscar el beneficio personal sin que nada le importe y que, además, no tiene el mas mínimo decoro en guardar un mínimo de respeto hacia quienes los pusieron en ese lugar. La clase política da vergüenza ajena. Y propia también.    

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Mercado Libre: ¿puede detener las estafas?

El robo de una computadora de 140.000 pesos a un joven que la había comprado por Mercado Libre desnudó los problemas de seguridad con los que convive la empresa durante los repartos. ¿Es posible controlarlos o se les fue de las manos

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“Invertí todos mis ahorros para comprar una computadora que me salió 140.000 pesos para la facultad y me estafaron. Me mandaron una botella de licor”. El mensaje de un usuario de Twitter denunciando, con dolor, desazón y tristeza, que fue estafado por mercado libre no hace más que alimentar el debate acerca de la confianza que generan las compras virtuales en Argentina.

La pandemia hizo que las compras por internet se disparen en los últimos seis meses y también las estafas. El ejemplo de este joven es simplemente uno de los tantos estafados que compraron teléfonos, computadoras y cualquier tipo de electrodoméstico.


¿Puede Mercado Libre terminar con las estafas? La respuesta es incierta. La empresa garantiza la entrega, aunque nada dice en torno al contenido. La relación vendedor-comprador-entrega se transformó en un dolor de cabeza cuando el producto no llega y la responsabilidad es difusa.

Más allá de eso, la empresa tiene como política devolver el dinero en caso de tener algún conflicto, aunque los reclamos muchas veces no llegan a buen puerto. ¿Le quita credibilidad a Mercado Libre cada uno de estos hechos?

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Rosario, entre la pandemia, la inseguridad y el humo

A los efectos de la pandemia en Rosario se les adhiere una ola de violencia descomunal, y un humo que continúa siendo irrespirable.

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El sosiego en Rosario es inviable. Amén de permanecer sometida a los vaienes epidemiológicos y sus secuelas, la ciudad continúa condicionada por la tremebunda inseguridad que es noticia cada día, y por el humo de las islas del Paraná, que no da tregua y damnifica tanto a los humanos como a la naturaleza. Son los 3 factores determinantes que incrementan la incertidumbre y la angustia.

En torno a la pandemia, la tercera ciudad más poblada de Argentina lleva reportados 13.115 contagios oficiales, en el marco de un sistema sanitario al borde del colapso, y con permanentes restricciones sociales. Apenas se puede salir a caminar y son variados los sectores que no pueden trabajar. En tanto, el rubro gastronómico implementa meramente los envíos a domicilio y el «take away».


Pero el coronavirus no es la única razón que pone en alerta a los ciudadanos a la hora de andar por la vía pública. En todo el 2020 hubo 150 homicidios. La última víctima se llamaba Sebastían Cejas, un muchacho de 38 años que fue baleado en la puerta del hospital Español, cuando esperaba, junto a su mamá, que su papá saliera de una sesión de diálisis. El «oso», como lo apodaban, es una víctima más de una sociedad violenta y despiadada.

Como si faltara más, las vías respiratorias de los rosarinos se ven afectadas por el humo que sigue surgiendo de las islas del Paraná. El asunto tomó dimensión nacional y pone en jaque al medio ambiente. En tanto, los incendios no cesan y más de 50 brigadistas prosiguen en búsqueda de aliviar la situación.

Resulta contraproducente, pero aunque se recomienda salir a correr para mejorar el sistema respiratorio, el humo lo damnifica, y a su vez, está prohibido con motivo de disminuir la circulación viral. O sea que la ciudad está entre la espada y la pared, inmersa en un contexto desfavorable y enrevesado, cuyo mejoramiento dependerá de un cúmulo de factores que deberán modificar sustancialmente la atroz realidad.

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