Opinión

¿Será el momento de rever el rol del periodismo?

La agresión sufrida por colegas de distintos medios en la marcha del Obelisco este 9 de julio genera un profundo rechazo. Más allá de ello, la situación genera innumerables preguntas hacia el rol de la prensa en el país.

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Uno no sabe muy bien por donde empezar. Podría hacerlo por la agresión en sí, pero no es ninguna novedad. Ver como la falta de tolerancia de los argentinos se traduce en agresiones físicas, casi que no es noticia. Acaso la novedad, la noticia, es el destinatario. Porque en medio de la marcha «Por la Justicia y la libertad» varios intentaron censurar y apagar voces. Algo que no está, estuvo, ni estará bien.

En el Obelisco un grupo de manifestantes – que rompió el aislamiento, es decir que infringió la ley – rompió un móvil de C5N, le pegó a los periodistas, los amenazó y les prometieron que ahora «deberían empezar a tener miedo». Un poco más allá, otra grupo echó a un cronista de Canal 13 por que no querían que trabaje en la zona. La peor parte se la llevó un periodista que no forma parte de grandes medios: Ezequiel Guazorra de Revolución Popular, fue atacado a trompadas por patotas que lo persiguieron y le pegaron hasta dentro de un kiosco.


Las agresiones se fundamentaron en las excusas más insólitas: «defienden chorros», «no dicen la verdad», «no protegen la propiedad privada», «hijos del poder», «zurdos troskistas», etc, etc. Las palabras vertidas por los agresores – y defensores de la libertad, según ellos mismos- no hacen más que provoca un profundo rechazo mezclado con rabia e indignación.
Ahora bien, como sucede en estos casos, siempre la víctima queda afectada y los agresores, libre de culpa y cargo. Los periodistas agredidos se preguntarán que hicieron mal, si es que algo hicieron mal. Déjenme decirles que no. Los periodistas no fueron a provocar ni a buscar estas reacciones. Fueron a realizar una cobertura, con el riesgo que ello implica en Argentina.

Porque ser periodista en Argentina se volvió una profesión de riesgo. Encontrar un trabajo bien remunerado y acorde a las necesidades básicas es un milagro. Las empresas peridisticas abandonaron la búsqueda de la verdad para resultar, muchas veces, serviles a los financistas de turno. Y hablo de empresas y no de periodistas, porque han sido varios los que plantaron bandera para no ser manipulados por sus millonarios jefes que saben de periodismo lo que yo de energía eólica.

Ver como los grupos periodísticos de Clarín y C5N responden sistemáticamente al macrismo y al kirchnerismo es el fiel reflejo de la realidad periodística del país. Las opiniones teñidas de partidismo político hacen que las fractura nacional, también en la prensa, resulte indisimulable.

El periodismo debe ser crítico por naturaleza y debe perseguir un objetivo único que es la verdad. Lamentablemente, la profesión está sumamente bastardeada y la falta que equidad, raciocinio y creatividad nos llevan a un replanteo mucho más profundo. Debemos los periodistas dejar de teñir las noticias con opiniones, saber diferenciar donde hay una y no buscar acomodar la realidad al rating. De lo contrario, habremos contribuido, involuntariamente, a que los ojos se pongan en la víctima y no en el victimario.

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Opinión

¿Aguantaremos hasta la vacuna?

La conducta social será crucial para disminuir la curva de contagios hasta que la vacuna esté a nuestro alcance.

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En un abrir y cerrar de ojos, transcurrieron prácticamente 5 meses desde que Alberto anunció el aislamiento social, preventivo y obligatorio. Desde entonces y hasta hoy, las medidas gubernamentales lograron evitar, en ciertos casos, un colapso sanitario, aunque paralelamente provocaron secuelas devastadoras en términos económicos.

Si bien las consecuencias epidemiológicas se exhiben con absoluta desemejanza entre las provincias y localidades, el comportamiento social resulta igual de crucial en cualquier sitio. Mientras en el AMBA se reportan la mayoría de los contagios a nivel nacional, hay provincias que transitan largas jornadas sin casos. A su vez, las reuniones sociales presumen un riesgo desmedido, lo que originó su prohibición.


Que Argentina sea uno de los países de Latinoamérica elegidos para producir la vacuna es motivo de satisfacción. No obstante, habrá que aguardar unos meses más para que aquello se efectúe. Mientras tanto seguiremos inmersos en las condiciones impuestas por la pandemia. Distancia, barbijo e higiene continuarán formando parte de nuestra rutina.

Si los argentinos lograrán mantener un adecuado comportamiento hasta entonces o no es una incógnita. Transitaremos la primavera e incluso comenzará el verano, y la conducta debe ser intachable. La desobediencia social causó y provoca efectos descomunales a nivel sanitario, y a su vez en lo económico, pues diversos bares fueron clausurados por no acatar los protocolos.

Amén de las resoluciones políticas, la conducta social representa el mayor porcentaje a la hora de los contagios. Por más medidas que se implementen, si la población no las obedece todo es en vano. Surge, por ende, la imperiosa necesidad de que hasta que la vacuna sea un hecho, el proceder sea ejemplar.

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Opinión

Así se multiplican los contagios

En el día en que Argentina presentó más de 7000 casos de Covid-19 en 24 horas y tuvo récord de muertes, cientos de jóvenes se juntaron en una cervecería de Recoleta, que fue clausurada horas después. La irresponsabilidad social potencia la pandemia.

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Mientras muchos siguen los cuidados al pie de la letra, otros hacen lo que les parece. La solidaridad mostrada por una gran porción de la sociedad parece haber quedado de lado y las salidas se transformaron en una constante a pesar de las recomendaciones (nacionales e internacionales) acerca del contagio por no utilizar barbijos o aglomeraciones de gente a corta distancia.

Bajo estas circunstancias, explícitas y claras, la cervecería Buller abrió sus puertas este miércoles en el exclusivo barrio porteño de Recoleta y cientos de personas estuvieron compartiendo cervezas y papas durante varias horas, hasta que el lugar terminó clausurado después de varias denuncias a través de redes sociales.


¿Es necesaria semejante demostración de “rebeldía”? A juzgar por el sentido común, no. Pero el sentido común parece ser el menos común de los sentidos en este caso. Por mas aburrimiento, disconformismo, necesidad de esparcimiento, etc, resulta muy complejo entender el pensamiento de las personas que se juntaron en un bar como si nada pasara.

Si podemos entender la salida de aquellos que no tienen que comer, que necesitan salir para sobrevivir. Pero no semejante aglomeración, desafiando innecesariamente la pandemia por las simples ganas de tomar una cerveza al aire libre aprovechando el pseudoveranito porteño.

Cuando nos preguntamos cómo puede ser la multiplicación de casos en el país, en realidad en AMBA, la respuesta no es muy difícil de encontrar. Es simplemente mirar hacia los costados para darnos cuenta que la gente salió en a la calle. Y el problema no eses, a la larga. Sino la falta de cuidados.   

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Hablando de libertades y expresiones…

Una periodista de Canal 13 fue censurada y apartada de su cargo tras sus dichos que incluyeron reclamos gremiales de compañeros y trabajadores en jaque. La empresa que pregona la libertad no la respeta y calla voces disidentes.

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Un hecho sumamente despreciable, desagradable y fuera de época se dio en Canal 13, luego de que las autoridades del canal, en total acuerdo con el Grupo Clarín, desplacen de la conducción del noticiero de la edición del mediodía a la periodista Silvia Martínez Cassina, quien es delegada gremial y una de las caras más conocidas del canal.

El hecho se produjo luego de que ella reclame paritarias para el sector, se queje de la desigualdad de género en la pantalla y denuncie el vaciamiento de Pol-Ka, la productora de adrián Suar, que es uno de los gerentes de programación del canal.


El hecho fue denunciado y repudiado por diferentes estamentos sindicales y desató una fuerte polémica en redes sociales. Lo curioso es que el Grupo Clarín es uno de los principales impulsores de la idea de que en el país no libertad. Ni ciudadana, ni de expresión. Los primeros en quejarse del encierro por cuarentena y los mismos en quejarse por la multiplicación de casos cuando se reabrieron algunas actividades…

La situación del periodismo es sumamente delicada en Argentina. Las empresas periodísticas multiplican sus ingresos, pagan los sueldos en cuotas y ahora censuran periodistas con pasmosa frialdad y sin ponerse colorados. No es para menos: con temas mucho mas graves de la historia no lo hicieron, imagínense si lo harán con un despido de lo que para ellos es “una oveja descarriada”.

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