Opinión

La relajación pone en jaque a la sociedad

Independientemente de las resoluciones gubernamentales, los responsables de controlar la propagación del coronavirus son los ciudadanos. Sus conductas resultan determinantes en los resultados.

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La pandemia se instaló en Argentina a principios de marzo. Cuatro meses después, sus secuelas continúan provocándose con total disparidad entre las provincias y localidades, con idas y venidas en torno a las flexibilizaciones y con un sinfín de dificultades económicas. En todo el territorio nacional rigen los protocolos de higiene y distanciamiento, que se efectúan fundamentalmente en la vía pública y en los comercios, pues allí es donde se acentúan los controles.

Sin embargo, surge una inquietud y se enlaza con los encuentros sociales. Allí es donde resulta inviable vigilar el accionar de cada ciudadano. Es evidente que no se puede compartir el mate, que a su vez fue el causante de un brote en Colón, Entre Ríos. Nadie conoce a ciencia exacta de qué manera se acatan las normativas referidas a cantidad de personas, higiene y distanciamiento. Aquello depende pura y exclusivamente de la voluntad de la sociedad.

Al presentarse la epidemia de forma desigual entre las regiones del país, muchos argentinos transitan, actualmente, una rutina mucho más habitual que otros. Mientras en el AMBA rige la fase 1, en algunas provincias se alcanzó la fase 5, en la cual se permiten no solo la actividad comercial, sino también los encuentros afectivos, las salidas recreativas y los deportes individuales.

En tal contexto, cada institución o comercio acata las medidas correspondientes, y en esos lugares resulta mucho más accecible ejercer un control, pues incluso algunos locales gastronómicos han sido clausurados por no obedecer los protocolos. A la hora de los encuentros familiares y amistosos, se apela a la obediencia y a la responsabilidad de cada uno, para cuidarse y para cuidar al prójimo. A su vez, las marchas realizadas en variados puntos del país acrecientan el peligro, donde en algunas ocasiones hay gente que no utiliza cubrebocas.

La relajación supone un riesgo evitable. Si Argentina no registró las cifras que se reportan en Estados Unidos, Brasil o algunos países europeos, se debe en gran parte a la oportuna conducta de sus pobladores, pero cualquier desatención puede causar estragos. Es evidente que, en líneas generales, somos hijos del rigor, pero antes que curar, siempre es mejor prevenir.

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Opinión

Si quiero, te mato

De la primera marcha de “Ni una menos”, aquel 3 de junio de 2015, a hoy, no solo pasaron simplemente 6 años, también se perpetraron 1896 femicidios. El reclamo de justicia, más presente que nunca.

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En mayo de 2015 Manuel Mansilla, de 16 años, mató a Chiara López, de 14, en Rufino, Santa Fe. Chiara se iba a encontrar con sus amigas pero nunca llegó. Su familia, junto con amigos y la policía, la buscaron todo el domingo. Durante el rastrillaje, en el patio de la casa de Mansilla se realizaba un asado. Mismo patio en donde horas después fue hallada enterrada la joven.

La autopsia demostró que la adolescente de 14 años fue asesinada a golpes y que se encontraba embarazada de tres meses. En su cuerpo se halló restos de Oxaprost, un antiinflamatorio utilizado para abortar. Aborto que hace 6 años atrás era ilegal y que llevó a una nena de 14 años a ingerir lo que sea para no llevar adelante un embarazo no deseado.

Chiara fue la gota que rebalsó el vaso. No es que no hubieran habido femicidios anteriores, claro que los había, lo que pasaba era que nos callábamos. Lo que pasaba es que se los titulaba como “crímenes pasionales”, porque los tipos nos mataban por pasión, por amor; no por no poder soportar que los dejáramos, por creer que somos de su propiedad, por no poder soportar los celos, por no poder soportar que fuéramos libres e independientes y caer en la cuenta de que no necesitamos de ellos para ser. Titulen como quieran, pero siempre nos matan por ser asesinos. Y porque pueden.

Y con Chiara hubo un punto de inflexión, siempre lo hay. Llega un momento en el que nos encontramos al borde del abismo y nos queda saltar o saltar. Había que empezar a saltar para hacer un poco de ruido y que se despierten todos. Disculpen, es que nos están matando.

Fue tan fuerte el eco que la consigna “Ni una menos” cruzó la Plaza del Congreso hasta llegar a todo Latinoamérica, Europa y Asia. Al parecer, algo se había despertado y parece no tener intenciones de volver a apagarse, a callarse y a dejarse pasar por encima.

De la primera marcha de “Ni una menos”, aquel 3 de junio de 2015, a hoy, no solo pasaron simplemente 6 años, también se perpetraron 1896 femicidios. Pueden parecer solo números fríos, pero son 1896 mujeres. Mujeres que no tuvieron la posibilidad de irse, que no tuvieron ayuda, que rogaron por seguir vivas, que pidieron por favor que no las maten, que fueron golpeadas hasta perder la vida, violadas hasta perder la vida, descartadas en bolsas de basura en pozos en el fondo de una casa, al costado de una ruta, en una zanja, calcinadas en una parrilla. Descartadas como basura, como fueron tratadas. Mujeres que fueron objeto de hombres que así lo creyeron, que así fueron criados y educados, con el poder de decidir sobre nosotras, con el poder de decidir si vivimos o no.

“Si yo quiero, te mato”, escuché alguna vez. Y sí, es cierto. Si la sociedad, el estado y la justicia te avalan para que lo hagas; si tenés todas las herramientas del sistema de tu lado y a tu favor, si cuando voy a denunciarte no me creen, no me toman la denuncia, faltan pruebas; si tu familia y amigos te cuidan y te protegen; si mediante tu abogado lo que se hace es poner en duda mi relato y dejarme expuesta como una mujer que busca fama, guita, o simplemente estoy ‘despechada’, ‘loca’ o ‘resentida’; si después de denunciarte soy yo la que se tiene que esconder y cuidar; si después de ponerte una perimetral para que no te me acerques aparecés en mi casa o en los lugares a donde voy igual; si me escribís desde otros números, me llamás y me amenazás y nada te pasa porque tenés total libertad de acción; si te condenan pero entre apelar y la buena conducta y tus salidas transitorias te sacan años y te ven en la calle caminando como si nada con tus amigos disfrutando la vida; sí, si querés me matás, es verdad. La sociedad toda te deja. Y yo seré un número más que se suma a ese montón.

Hoy, seis años después de la primera convocatoria del “Ni una menos”, el juez Rodolfo Mingarini liberó a un acusado de violación porque no le resultó lógico que haya tenido tiempo de ponerse un preservativo y luego avanzar sobre la víctima, en Santa Fe, el mismo lugar donde Mansilla mató a Chiara López.

A Mingarini no le bastó con los exámenes de medicina legal que constataron las lesiones compatibles con una violación, así como tampoco el material biológico que se encontró en la escena del imputado e incluso las pericias psicológicas que se le hicieron a la víctima, las cuales avalaron su relato.

Otra vez, la duda puesta en nosotras. No nos viola solo quien nos fuerza a tener relaciones, la justicia también nos viola. Nos deja totalmente indefensas, la justicia está de su lado, es amiga del femicida y amiga del violador.

Han pasado seis años y sí, algunas cosas se han modificado, estamos atravesando un cambio de paradigma como sociedad, incluso si estás de acuerdo o no, está pasando. Esto arrastra y arrastrará a todos, tarde o temprano, como una marea. Las mujeres aprendimos a levantar la voz -no a gritar- a no callarnos más, y miramos hacia el futuro con esperanza de ver un cambio social total. Soñamos con que las generaciones que vengan tengan otra mirada, otro accionar, un mundo más justo donde vivir y donde sentirse libres. Que no vivan con miedo, ni pidiendo permiso, ni preguntando si pueden o deben. Que no vivan dando explicaciones de por qué no quieren. Que el futuro sea una sociedad donde las mujeres nos sintamos seguras.

Quisiera no esperar seis años más para que las cosas sean distintas, pero hoy, aun hoy, todavía sí, si querés me matás.   

Ni una menos.

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Opinión

¿Cuál es el pecado de ir a vacunarse a Miami?

La salida de varios argentinos al exterior en busca de una vacuna contra el Covid-19 generó una enorme controversia y un fuerte debate sobre la corrección o no de la decisión. De Macri a Rial, hasta Carrió sorprendió con su parecer.

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La salida de varios argentinos al exterior, especialmente a Miami, para vacunarse contra el Covid-19 generó una enorme controversia en la opinión pública, que politizó opiniones de cuanta persona salió del país para buscar mitigar un posible contagio ni más ni menos que con una vacuna.

Sabido es que en EEUU las vacunas sobran y se consiguen con suma facilidad. El punto en cuestión es que miles de argentinos volaron hacia allí para aplicarse una dosis (preferentemente de la Jonhson, que no necesita segunda parte) y volver al país inoculados. El hecho generó un enorme revuelo entre los opinadores de turno, que politizaron decisiones personales que poco tienen que ver con la problemática general del país.

Las discusiones generales comenzaron cuando el ex presidente Macri, fiel a su estilo, dijo una cosa e hizo otra. Prometió que no se vacunaría “hasta que no esté vacunado el último de los argentinos considerado esencial”. Sin embargo, unos días después confesó que se vacunó en EEUU “donde sobran las vacunas” y desde donde declaró que el país corría “grave riesgo de perder su libertad”.

La decisión de Macri desató un enorme revuelo, aunque si no hubiese cometido el error de decir que no se vacunaría, la discusión no sería tal, ¿Cuál es el pecado de tomarse un avión, vacunarse, cumplir con los términos sanitarios del regreso y poder sentirse más seguro? A simple vista, ninguna.

Los pseudo moralistas políticos cuestionaron la acción por las palabras del ex presidente, pero ¿tan mal está la acción en sí? Algo parecido hizo el conductor televisivo Jorge Rial. A punto de cumplir 60 años y siendo una persona de riesgo, se sacó un pasaje, se tomó un avión y se vacunó para sentir que si se contagia de Covid-19 su vida no correrá peligro.

En las antípodas de Rial y Macri se paró la ex diputada Elisa Carrió, quien castigó con dureza la decisión del ex presidente: “Si soy una líder con convicciones y principios no me puedo ir a vacunar a Miami. Líder se nace, no se hace. Ahora, los liderazgos sí se pueden destruir. Y esa es una advertencia a todos. Un líder tiene que sostener su liderazgo”, afirmó en declaraciones al Diario La Nación.

Más allá de las chicanas políticas, la vacunación de argentinos en el exterior es, para muchos una cuestión patriótica. Pagar medio millón de pesos por una vacuna y dejar el turno a otro compatriota parece un acto de empatía social, que no todos parecen comprender. Por eso es llamativo cómo en argentina todo se discute, inclusive lo que no parece tener margen a menso que sea por cuestiones políticas.  

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Actualidad

De nada sirven las restricciones sin compromiso social

Mientras el gobierno de Alberto Fernández prepara un nuevo paquete de medidas restrictivas para evitar la circulación del virus de Covid-19, la sociedad parece haberle perdido respeto al virus y los políticos, ya que son muy pocos quienes cuidan las formas para prevenir la enfermedad.

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La pandemia de Covid-19 tiene más capítulos por escribir en Argentina. Mientras el gobierno nacional mantiene charlas periódicas con gobernadores, analiza datos, hace malabares para seguir proveyendo de oxigeno al AMBA y busque que no estalle el sistema sanitario en mil pedazos, millones de ciudadanos ya no respetan prohibiciones, dejan de lado los cuidados y parecen haber perdido total esperanza en el presidente Fernández.

La situación supone una enorme complicación, ya que el cuidado ciudadano aparece como fundamental para contrarrestar al virus. Si los ciudadanos no cumplen con los cuidados, la pandemia se extenderá independiente de lo acertadas o no de las medidas.

Las medidas que vienen

El presidente y su grupo de trabajo mantuvo reuniones en las últimas horas con gobernadores para contarles las medidas que tiene en mente. Son mas de lo mismo. Menos circulación, mayores cierres y una especia de pseudo cuarentena por 15 días más.

El presidente reclamó un mayor apoyo a sus decisiones. Comentó, entre otras cosas, que de nada sirven las medidas si no hay un control estricto de los gobernadores e intendentes. La vida de los argentinos es cómo si no hubiera pandemia. La única excepción son las clases presenciales y los barbijos, ahí está la explicación del por qué del crecimiento de los contagios.

La falta de compromiso social

Que la sociedad argentina está lejos de ser ejemplar no es ninguna novedad. Pero la habitualidad a romper las reglas por momentos asusta. Si bien es cierto que la pobreza, la falta de trabajo y las condiciones inhumanas en la que viven millones de compatriotas resultan entendibles para quienes tienen que salir a buscar el mano para comer, llama poderosamente la atención la falta de empatía social que tienen quienes salen por gusto.

Las fiestas clandestinas, el futbol con amigos, las juntadas familiares, las movilizaciones fogoneadas por la oposición “para recuperar la libertad” y demás yerbas no hicieron más que exponer donde nace el crecimiento de casos que pone en jaque al sistema sanitario, que venía de años de destrucción y resulta milagroso que aún siga en pie.

Argentina atraviesa una grave crisis de representatividad institucional, falta de empatía social y una grieta política sin precedentes, que exhiben la mas baja versión de la política y que no hace más que augurar un futuro tenebroso para generaciones futuras.

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