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La pobreza, la pandemia que acecha a los argentinos

Los números de la pandemia no solo están direccionados a la crisis sanitaria, sino también a la económica. Antes de la cuarentena en Argentina había más de 2 millones de desempleados y se presume que la pobreza llegará a la mitad del país cuando termine el confinamiento.

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La pandemia de Covid-19 acrecienta la pobreza en el país, con números que desnudan una realidad durísima que tendrá consecuencias inmediatas cuando termine el confinamiento.

El último informe acerca del empleo indica que antes de decretar el confinamiento (12 de marzo) el 10,4% de la población, unas dos millones de personas, estaban desempleadas. El número será mucho más significativo cuando termine la pandemia, ya que miles de puestos de trabajo se perdieron por el cierre de empresas y comercios.   


Los números son los peores de los últimos 14 años. Desde 2006 que Argentina no presentaba semejante nivel de desempleados. Además, la caída del empleo lleva 28 meses de caída, es decir, los últimos dos años del gobierno de Macri y los primeros 4 meses del de Alberto Fernández.

El gran problema que aqueja al país, que resulta consecuente con el desempleo y mala políticas de años, es la pobreza. Los índices se multiplicaron considerablemente en los últimos 4 años y se presume que al culminar la pandemia la mitad del país será pobre. Es decir, 1 de cada 2 argentinos no podrá cubrir sus necesidades básicas.

Pero hay más. El último informe presentado por Unicef anunció que, al culminar la pandemia, se prevé que el 58,6% de los menores de 18 serán pobres. Es decir que 6 de cada 10 menores no podrá acceder a las necesidades básicas alimenticias y educativas, lo que genera un enorme problema cultural en la población.

Los años pasan, los gobiernos también y los problemas económicos y sociales de la Argentina siguen vigentes, se multiplican y no tienen solución. El país está virtualmente quebrado, con una superpoblación de pobres y un reparto de la riqueza cada vez más diferente, que no hace más que potenciar las desigualdades de la sociedad.

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Con dinero de por medio, no hay muro que los separe

La presunta enemistad que mantenían los presidentes de Estados Unidos y México parece ser cosa del pasado. En la cumbre entre Donald Trump y Andrés Manuel López Obrador reinaron los elogios y se dejaron de lado los “temas sensibles”, en pos de “mirar hacia adelante”.

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Contrariamente a todas las predicciones, la cumbre entre Trump y López Obrador transcurrió en un clima amistoso. Tras recibir a AMLO en la Casa Blanca, el primer mandatario estadounidense afirmó que la relación entre ambos países nunca había sido tan buena como lo es actualmente, pese que hasta hace poco tiempo acusaba a los mexicanos de mandarles “gente con un montón de problemas, que nos traen drogas, crimen, violadores”.

Si bien el motivo del encuentro fue la negociación de temas concernientes al acuerdo económico entre Estados Unidos, México y Canadá, lo comercial pasó a un segundo plano cuando los periodistas notaron sintonía y buen clima en el encuentro: “Somos amigos, aliados y socios muy cercanos. Esta relación se basa en el respeto mutuo”, exclamó Trump. Para muchos, la actitud dialoguista y respetuosa del mandatario estadounidense responde a la necesidad de interpelar el voto latino. Sucede que hasta elogió las virtudes de los mexicanos, diciendo que “son gente trabajadora”. Sin embargo, continúa con su promesa de campaña de construir un muro en la frontera.


Por su parte, tras recordar la historia imperialista de su vecino del norte, amparada en la Doctrina Monroe, López Obrador valoró a Trump por su trato hacia México: “Usted no nos ha tratado como una colonia, al contrario ha honrado nuestra condición de nación independiente. Por eso, estoy aquí. Para expresar al pueblo de EE.UU. que su presidente se ha comportado hacia nosotros con gentileza y respeto. Nos ha tratado como lo que somos: un país y un pueblo digno, libre, democrático y soberano”, declaró.

El mexicano también reconoció que el vínculo entre sus naciones enfrenta diferencias y que, pese a ello, han elegido “privilegiar el entendimiento” y “marchar juntos hacia el provenir”, además de “hacer a un lado las diferencias o resolverlas con dialogo y respeto mutuo”.
Ninguno de los dos mandatarios habló acerca de los temas más importantes, puntapiés de las desavenencias entre ambos: el muro –planeado por Trump a lo largo de la frontera- y la inmigración centroamericana a través de México. Ambos prefirieron evitarlos y centrarse en el tratado comercial con el que intentarán salir de la crisis mundial que dejará el coronavirus.

Cabe destacar que la reunión también tenía como objetivo celebrar la entrada en vigor del tratado comercial T-MEC, firmado entre Canadá, México y EE.UU. y tratar las dificultades existentes. Por su parte, y pese a la invitación, el primer mandatario canadiense, Justin Trudeau, estuvo ausente.

Cuando Trump fue elegido, la comunidad internacional se preguntaba qué sucedería con los tratados comerciales que Washington mantenía con su vecino del norte y, en especial, con el del sur. La preferencia por el proteccionismo y la discriminación hacia los latinos anticipaban un panorama negro para la relación bilateral, que se extendería al bloque económico. Lo que antes eran certezas, ahora son interrogantes ¿Será que ambos mandatarios han comprendido que se necesitan mutuamente o será efímera diplomacia de campaña?

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9 de Julio: de Independencia, poco y nada

Se conmemoran 204 años de la declaración de la Independencia argentina, pero todo parece havber quedado en una simple declaración. La relaidad muestra un país devastado, al que le costará mucho recuperarse.

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El 9 de julio de 1816 se definió la ruptura con el gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata dependiente de la monarquía española. En otras palabras, Argentina comenzaba su camino como nación libre y soberana, algo que se respeta hasta el día de hoy al menos en los papeles…

La realidad del país es sumamente delicada y la soberanía conseguida hace más de 200 años pasa por su peor momento. No porque alguien vaya a poner en peligro dicha libertad, sino porque la calidad de vida de los argentinos fue disminuyendo a pasos agigantados en vez de superarse.


Es moneda corriente encontrar un enorme deterioro interno desde 1970 en adelante. En los últimos 50 años la situación empeoró considerablemente. El aumento de la deuda externa nos llevó a la falta de independencia económica que al día de hoy se siente en cada rincón del territorio y que ha hecho de Argentina un país en donde vivir resulta cada vez más complejo.

Esa falta de independencia llevó a un crecimiento exponencial de la pobreza y la falta de productividad influyó directamente para que Argentina sea un país en bancarrota, que tiene todo al alcance de la mano para progresar, pero no lo hace.

Miles de hectáreas para trabajar en la agricultura y la ganadería chocan con los miles de pobres sin trabajo, hogar ni esperanza. Para colmo de males, la pandemia hará que los números cuando el aislamiento termine sean escalofriantes: el 50% del país será no podrá cubrir sus necesidades básicas de alimentación, vivienda y desarrollo.

El Día de la Independencia siempre fue una jornada repleta de festejos y alegría para el país. Pero este 9 de julio, Argentina no tiene demasiado para celebrar…

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Efecto pandemia: la regresión de los fitness

Entrenar en casa fue uno de los atractivos de los primeros días de cuarentena. Hoy, 4 meses después, el entusiasmo decayó. El encierro, el aburrimiento y las preocupaciones económicas hiceron que el entrenamiento cueste cada vez más.

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En los primeros días del aislamiento social, preventivo y obligatorio se dio una tremenda explosión de entrenamientos caseros. Familias enteras se dedicaron a moverse con lo que había en casa.

Las clases virtuales eran un boom y los vídeos de personas activándose para pasar el confinamiento viajaban de teléfono en teléfono con asombrosa naturalidad.


Pero todo cambió. El AMBA lleva 4 meses de encierro y la actividad física quedó sumamente relegada por distintos motivos: la falta de ganas, el frío, las preocupacxiones económicas, el hartazgo del encierro, etc.

Leonardo Cantaluppo lleva años como profe y nunca vivió nada igual. Durante los primeros meses de encierro, la gente se volcó a los entrenamientos, pero ahora cuesta cada vez más moverse. Pese a ello, los profes no bajan los brazos pensando en que el invierno siempre fue una etapa difícil y que entre septiembre y octubre la actividad volverá a ponerse en movimiento como todos los años.

La pandemia de Covid-19 nos llevó a vivir una montaña rusa de emociones y la actividad física no fue una excepción. El entusiasmo inicial se fue deshilachando con el correr de los días y el movimiento quedó relegado por diversas circunstancias.

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