Opinión

El tupé de la oposición

La exposición del ministro de Economía, Martín Guzmán, en la Cámara de Diputados despertó un sinfín de repercusiones entre los legisladores. Para los opositores “no hay plan, ni mejoras” y consideraron que la exposición tuvo gusto “a poco”.

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Cuando el ministro Guzmán terminó su exposición en la Cámara de Diputados, la mayoría de los legisladores se quedó en el recinto, en oficinas o hasta en algunos bares cercanos con la intención de sacar conclusiones. Mientras el oficialismo destacó la solvencia académica del ministro, la oposición lo castigó con dureza y cuestionó sus formas y capacidad.

El lavagnista Jorge Sarghini fue uno de los primeros en cruzar a Guzmán, cuando el ministro expresó que “La economía se había tranquilizado y el modelo económico empezaba a caminar”. Allí fue cuando Sarghini le dijo a Guzmán que ellos “caminaban la calle y no vemos lo mismo que uds dice”.


Otro de los que habló fue el diputado Mario Negri, uno de los principales alfiles de Macri y componente del bloque de la UCR. El cordobés afirmó que la alocución tuvo “gusto a poco.  Coincidimos en que tenemos que hace run Nunca Más de los ciclos de endeudamiento, pero también creemos que se necesita un Nunca Más a los ciclos de déficit», concluyó.

La vehemencia con la que la oposición reclama soluciones inmediatas poco tiene que ver con lo que hicieron al momento de ser gobierno. Buena parte de la deuda argentina, que se incrementó considerablemente en los últimos dos años, se consumó bajo su responsabilidad y ahora las expresiones se limitan a expresar disconformismo y juzgar la capacidad de un ministro que apenas lleva 2 meses trabajando.

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Actualidad

¿Y si hacemos un mea culpa?

Amén de las responsabilidades políticas, rige en la Argentina una carencia de autocrítica individual que agudiza aun más los contratiempos.

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La pandemia no es la principal causante de las dificultades padecidas por los argentinos. Sí es, en cambio, un factor determinante que las recrudece. Los contratiempos evidenciados en la economía nacional traen a colación un sinfín de causas, cuyos responsables son tanto políticos como ciudadanos. Si bien la mayor incumbencia radica en los funcionarios, el aporte o, en este caso el no aporte de la sociedad en diversos temas, es crucial para agravar los problemas cotidianos.

«Evitar que el sistema de salud colapse». Venimos oyendo esa frase desde que el virus comenzó a circular en nuestro país. Procuraban, por entonces, evitarlo las naciones europeas. Algunas lo lograron, otras no. Lo cierto es que si Argentina se encuenta hoy «al borde del colapso», se debe no solo a la impericia política, sino a la irresponsabilidad social y a otros motivos que acarreamos desde hace años.


El personal sanitario está subestimado. Sus roles, esenciales por cierto, no se dimensionan como corresponde. En consecuencia, y a partir del acrecentamiento de contagios en todo el territorio nacional, La Sociedad Argentina de Terapia Intensiva puso el grito en el cielo al emitir un comunicado que evidencia lo endeble que se encuentra el sistema sanitario:

«Los médicos, enfermeros, kinesiólogos y otros miembros de la comunidad de la terapia intensiva sentimos que estamos perdiendo la batalla. Sentimos que los recursos para salvar a los pacientes con coronavirus se están agotando. Los intensivistas, que ya éramos pocos antes de la pandemia, hoy nos encontramos al límite de nuestras fuerzas, raleados por la enfermedad, exhaustos por el trabajo continuo e intenso, atendiendo cada vez más pacientes.»

«Estas cuestiones deterioran la calidad de atención que habitualmente brindamos. Enfundados en los equipos de protección personal, apenas podemos respirar, hablar, comunicarnos entre nosotros. También tenemos que lamentar bajas, personal infectado y lamentablemente, fallecidos, colegas y amigos caídos que nos duelen, que nos desgarran tan profundamente»

Manifestaciones contra el poder de turno son usuales en la época que vivenciamos. Posiblemente ocurriría lo mismo si los gobernantes fueran de otra ideología política, pero a la inversa. Lo cierto es que siempre existe un sector de la sociedad que exterioriza su disconformismo. No obstante, la falta de mea culpa también resulta determinante.

Los mismos que cruzan en rojo, queman barbijos, tiran basura al suelo, se colan en la fila, no respetan los protocolos, etc, al final del día responsabilizan de todos los males a la clase política, que indudablemente muchísimas cuestiones debe modificar, aunque eso no implica que la ciudadanía no deba hacerse cargo de lo que le incumbe, ya que no solo gozamos de nuestros derechos, también tenemos obligaciones.

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Opinión

Argentina, un país inviable

Tras la marcha del 17A, las diferencias políticas, sanitarias, constitucionales y de orden interno parecen no tener solución. Cada parte está enfrascada en su verdad y nadie parece dispuesto al diálogo en post de buscar soluciones.

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¿Alguna vez Argentina se volverá un país medianamente normal? Un país sin grietas insalvables, sin odio, sin agresiones. Donde se pueda trabajar y llegar a fin de mes. Donde los chicos no tengan que crecer husmeando la basura para poder comer. Donde ir a la escuela y salir a la calle a tomar mate sea un disfrute y no una tortura. La respuesta parece ser rotunda y negativa.

Este lunes miles de personas salieron a la calle a protestar contra el gobierno bajo diferentes consignas: la Reforma Judicial, el ataque a la libertad, que CFK vaya presa, que se acabe la impunidad, que se termine la cuarentena, ser libres, que se respete la ley, que haya un plan económico, que se resuelva el caso Astudillo y siguen las firmas.


Todos reclamos muy genuinos para quienes salieron a la calle, que piden leyes claras y fueron los primeros en violarlas. Porque, aunque no les guste, violaron la ley, ya que no esta permitido salir por el aislamiento obligatorio. Pero claro, en búsqueda de “libertad perdida” todo parece estar permitido, inclusive ser un foco potencial de contagio multitudinario. Inclusive reclamar desde el techo de una camioneta que debe más de 350.000 pesos de patente, algo que también está al margen de la ley.

Otro detalle es el reclamo por la Reforma Judicial. Una modificación que, para el 90% de los asistentes a la marcha está direccionada a contribuir con la impunidad que para ellos tiene CFK. Ahora, ¿es tan así? ¿Cuántos leyeron y entendieron de qué se trata la Reforma? ¿O se guiaron por lo que dicen medios afines o contrarios al gobierno que exceden los meros interese periodísticos de informar?  

Otro de los reclamos que se escuchó estuvo centrado en que “en Argentina se está perdiendo la libertad”. Que yo sepa, si no existiese esa libertad, lo que sucedió ayer no habría podido suceder. A pesar de la violación sistemática de la ley, las personas siguen saliendo a la calle y manifestándose sin que haya detenciones masivas como en otros lugares del mundo, por ejemplo, España, donde una marcha terminó con cientos de detenidos por no utilizar mascarillas.

“¿Y el plan económico?” este es un punto muy frecuente de los reclamos sistemáticos de quienes no coinciden con las ideas gubernamentales. Remitámonos a la realidad. Cuando nadie daba dos pesos por el acuerdo con los acreedores privados, incluido quien suscribe, se cerró un acuerdo que para muchos fue patear para adelante y para otros uno de los mayores logros económicos después del desastre económico por el que atravesó el país en los últimos tres años. Cuando hablamos de plan ¿a qué nos referimos?  ¿A proyecciones que jamás se cumplirán como hemos vistos en otros procesos? ¿A la pobreza cero? ¿O a saber cuánto va a estar el dólar y la inflación a fin de año?

Lo curioso del caso es que todo esto se multiplica con el correr del tiempo independientemente del poder de turno. Nadie parece buscar una mediación a través del diálogo. Cada uno tiene una visión de las cosas que lo enfrasca, lo reduce y lo vuelve cada vez más egoísta. El canal del diálogo para consensuar ideas parece haber quedado de lado y Argentina se desangra entre diferencias que parecen insalvables.

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Opinión

¿Aguantaremos hasta la vacuna?

La conducta social será crucial para disminuir la curva de contagios hasta que la vacuna esté a nuestro alcance.

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En un abrir y cerrar de ojos, transcurrieron prácticamente 5 meses desde que Alberto anunció el aislamiento social, preventivo y obligatorio. Desde entonces y hasta hoy, las medidas gubernamentales lograron evitar, en ciertos casos, un colapso sanitario, aunque paralelamente provocaron secuelas devastadoras en términos económicos.

Si bien las consecuencias epidemiológicas se exhiben con absoluta desemejanza entre las provincias y localidades, el comportamiento social resulta igual de crucial en cualquier sitio. Mientras en el AMBA se reportan la mayoría de los contagios a nivel nacional, hay provincias que transitan largas jornadas sin casos. A su vez, las reuniones sociales presumen un riesgo desmedido, lo que originó su prohibición.


Que Argentina sea uno de los países de Latinoamérica elegidos para producir la vacuna es motivo de satisfacción. No obstante, habrá que aguardar unos meses más para que aquello se efectúe. Mientras tanto seguiremos inmersos en las condiciones impuestas por la pandemia. Distancia, barbijo e higiene continuarán formando parte de nuestra rutina.

Si los argentinos lograrán mantener un adecuado comportamiento hasta entonces o no es una incógnita. Transitaremos la primavera e incluso comenzará el verano, y la conducta debe ser intachable. La desobediencia social causó y provoca efectos descomunales a nivel sanitario, y a su vez en lo económico, pues diversos bares fueron clausurados por no acatar los protocolos.

Amén de las resoluciones políticas, la conducta social representa el mayor porcentaje a la hora de los contagios. Por más medidas que se implementen, si la población no las obedece todo es en vano. Surge, por ende, la imperiosa necesidad de que hasta que la vacuna sea un hecho, el proceder sea ejemplar.

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